Política e imaginario colectivo

El imperialismo moral de la izquierda

José García Domínguez
Sangre, cafelitos, sudor, cal viva, lágrimas, Rumasa p´al pueblo, Galindo, ni Flik ni Flok, Vera, de entrada no, Corcuera, el mejor país para hacerse rico en media hora, mi henmamo, los cuñados, bolsas de deportes llenas a reventar, Montesquieu rematado en un callejón, gratis total, una foto amarilla en la que nadie se mueve, ahora les toca a los nuestros, fiesta en el reservado con tricornio y en calzoncillos, veintitrés por ciento de paro. No hay que archivarlo. Y seguían ganando elecciones. También conviene recordarlo. Una tras otra. Durante trece años. Jamás pidieron perdón. Hoy es tarde: ya han vuelto. Están ahí, en el Poder. Y son los mismos. Tampoco eso debemos olvidarlo. Nunca.
 
La miopía crónica de la derecha española reside en su incapacidad absoluta para aprehender la única capacidad de la izquierda. Llevan cuatro años caminando por el siglo XXI, y aún no se han dado cuenta de que en todas partes, la política ha degenerado en una guerra de guerrillas por el dominio del imaginario colectivo. Maquiavelo, hoy, no pasaría de friqui intelectual si no se pagara un master en segmentación, posicionamiento y marketing estratégico aplicado a la Administración. Tampoco él. Porque la batalla por la hegemonía cultural –y la política no es otra cosa– se libra en las mentes de los individuos, no apelando a vísceras tangibles. Pero no hay manera de que lo interioricen.
 
Un cuarto de la población desocupada o cinco millones de empleos creados en dos legislaturas. Únicamente son estadísticas, apenas rémoras de la gestión. Y la gestión es secundaria, accesoria, casi residual. Como también lo es que el gato sea negro o blanco; lo único básico, fundamental, crítico, es que los que estén mirando acaben persuadidos de que caza ratones.
 
El drama de los políticos de la derecha es que han estudiado más que nadie y fueron los números uno en todas las oposiciones, pero ni saben quién fue Gramsci ni ven Crónicas marcianas. Y así les va. La alianza de las fuerzas del poco trabajar y de la culturilla mediática, ésa que el PSOE copió de los comunistas, demuestra que ellos sí son conscientes de qué es lo verdaderamente importante en la sociedad del espectáculo. El imperialismo moral de la izquierda y la desesperante impunidad que le provee su hiperlegitimación. He ahí las dos catástrofes que ha provocado la renuncia suicida de la derecha a combatir en el frente de los valores y las ideas. He ahí la gran paradoja de nuestro tiempo: triunfar en la realidad y, al tiempo, ser derrotado por los que dominan el arte de mediatizar la percepción social de esa misma realidad. Ni Naranjito ni los viajes astrales al karma del centro van a remediar eso. Por el contrario, sólo se evitará cuando el PP empiece a obsesionarse por lo que debe pensar, y no por lo que vayan a pensar de él. O sea, nunca.
A continuación