Estatuto

El discreto encanto del catalanismo

José García Domínguez

Al observador accidental la situación podría recordarle otra obra de Buñuel, "El discreto encanto de la burguesía". Y cierto es que algo más que un parecido casual hay entre aquellas célebres escenas y la de ayer. Repárese al efecto en el memorable plano de los personajes ocultándose pudorosamente para ir a comer, mientras el resto del grupo confraternizaba feliz en el retrete comunitario. Y compárese luego con esta imagen de apertura de los telediarios: Soraya y Trillo, presentando a escondidas –un 31 de julio– el recurso contra el Estatuto de Mas y ZP ante el Constitucional, al tiempo que en Barcelona Piqué gritaba a los cuatro vientos su loco amor por Convergencia.

Pero quien conozca el paño habrá de coincidir en que sólo el argumento de "El ángel exterminador" encierra la metáfora definitiva que explica el surrealismo catalán contemporáneo. Recordémoslo: en la lujosa mansión todo está dispuesto para que se celebre un gran festín. Mientras los distinguidos invitados van llegando, los criados abandonan precipitadamente la casa por motivos del todo enigmáticos. Luego, tras el condumio, y también sin saber por qué, todos los comensales quedan atrapados en el salón para siempre. Ni la suciedad – el hedor de la sala acaba por ser irrespirable-, ni el hambre, ni las infecciones contagiosas que no tardan en aparecer serán capaces de imponerse al pánico que se apodera de los prisioneros, cuando se acercan a la puerta de salida que, en apariencia, nada ni nadie les impediría franquear.

Maragall, toda una vida consagrada a construir la gran alternativa urbana e ilustrada al nacionalismo pedáneo y chiruquero de Pujol. Y ha preferido inmolarse antes que correr el riesgo de atravesar el marco de la puerta. Montilla, toda una vida consagrada a construir la gran alternativa ágrafa y trincona pero no identitaria al catalanismo de diseño de los señoritos del PSC. Y al llegarle por fin su hora, se encierra en la cripta de Macià con las obras completas de Prat de la Riba. Cualquier cosa antes de exponerse a que alguno de los moribundos enclaustrados le grite: "lerrouxista". Piqué, toda una vida consagrada a construir la gran carrera de Piqué. Y cuando la inmensa mayoría de los catalanes le vuelve a demostrar –esta vez en las urnas– que le trae sin cuidado la reforma del Estatut, la nació, los derechos históricos y hasta el paisaje que les moldeó Vifredo el Velloso, ni siquiera tiene valor para firmar el recurso de inconstitucionalidad. Ya se sabe: la puerta.
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