El deporte de okupar en Cataluña

José García Domínguez

Cada noventa días, y sin excepción ni demora, repito idéntica rutina. No sin alguna pereza, alojo el cepillo de dientes, la pasta, el colutorio, un par de mudas de ropa interior, la tablet y el cargador del móvil en una mochila, cojo un tren hasta Santiago de Compostela, me meto luego en un avión, con preferencia en alguno barato de Ryanair, atravieso acto seguido la Península Ibérica hasta aterrizar en Barcelona, accedo más tarde al autobús que conecta el aeropuerto con la Plaza de Cataluña, recorro a continuación unas cuantas travesías a pie y, tras llegar al portal del edificio donde viví a lo largo de algo más de medio siglo, subo en el ascensor hasta la segunda planta con el único propósito de comprobar de que no hayan vuelto a intentar okupar mi casa.

Algo que me ocurrió poco después del confinamiento, cuando un buen vecino del rellano me llamó alarmado a Arousa ya que, y por dos veces consecutivas, había sorprendido a un individuo tratando de forzar la cerradura. Consumada esa trimestral liturgia recurrente, compro un par de libros en Laie, certifico que las aceras del Ensanche siguen igual de sucias y malolientes que en mi anterior visita, convoco para cenar al día siguiente a alguno de los contados amigos que aún conservo en ese sitio al que ya nada me une, y me vuelvo al Atlántico sin mirar atrás.

Cataluña, tal como se acaba de difundir, concentra el 42% de todas las denuncias por allanamiento de morada que se presentan en España. 7.300 en los últimos doce meses, un récord notable teniendo en cuenta que apenas aloja al 16% de la población del país. Por lo demás, como supongo informado al lector, en Cataluña es perfectamente legal en un muy amplio abanico de supuestos okupar la vivienda del prójimo merced a una célebre ley autonómica. Por eso, en todas mis visitas trimestrales nunca me olvido de llevar en la cartera, bien a la vista, la tarjeta de mi abogado. Si algún día llaman a los Mozos por haber procedido yo a acceder sin autorización de terceros al interior de mi domicilio, por lo menos que disponga de rápida asistencia jurídica. Hombre prevenido, ya se sabe, vale por dos..

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