Inflación

El chantaje que no cesa

José García Domínguez

¿Por qué no interviene el Banco Central Europeo para acabar con el asedio a la solvencia financiera de España si podría liquidarlo en media hora? Una respuesta posible, y acaso la más pertinente, es que el BCE no fue fundado para resolver problemas sino para crearlos. Así, según sus estatutos, que los Estados que integran la Unión Europea se vayan hundiendo uno tras otro, no es asunto de su incumbencia. Da igual que se acabe el mundo siempre y cuando los precios de venta al público durante el Apocalipsis se mantengan bajo control. Al cabo, su única misión expresa apela a pastorear la inflación. Cualquier otra consideración, pues, deviene ajena a su razón de ser.

Un indiferente autismo tecnocrático que por obvias razones de orden estético conviene disfrazar de alto sentido de la responsabilidad. De ahí, tan recurrentes, todos esos cuentos para asustar a los niños, los tenebrosos relatos de la hiperinflación alemana en la década de los veinte. "Cuidado, mucho cuidado con la imprenta", se advierte una y otra vez a los compungidos profanos. "Si apretáramos el botón de la maquinita de hacer billetes,¡oh!, sería horrible, horrible. Acabaríamos como Zimbabwe", alertan al aterrado auditorio. Sin embargo, nadie acaba de entender por qué Bernanke lleva años dándole a la manivela de la FED impunemente. Los expertos, ahora tan callados, no se cansaron de hacer el ridículo en su día prediciendo el gran desastre monetario que iba a provocar el tonto de Bernanke con su helicóptero.

Pero nada hubo. ¿O alguien ha visto la terrible inflación yanqui por algún lado? Ocurre que, contra lo que pretende la superstición popular, fabricar muchos billetes de banco no provoca inflación. No en tiempos de crisis, como los presentes. Porque no son los trozos de papel con dibujitos de viejos puentes e iglesias románicas los que hacen subir los precios, sino la demanda. Por muchos que se emitan, si la gente decide guardarlos bajo la almohada, los precios no subirán. Tan simple como eso. Como a Bernanke, también a Draghi le cabe hacerlo. El BCE podría poner en marcha ahora mismo la rotativa, tal como acaba de proponer Monti, sin mayor riesgo inflacionista. Nada ni nadie se lo impide. Nada ni nadie salvo Merkel.

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