El anti Varoufakis

José García Domínguez

Extraña, insólita paradoja la griega. Siendo el más paupérrimo y arruinado rincón de Europa, posee sin embargo a dos de los economistas más brillantes del continente. El famoso, el que conoce todo el mundo, es Varoufakis, pero hay otro académico de primera línea en el comité central de Syriza, Costas Lapavitsas, docente en Londres y columnista habitual en The Guardian, que no le anda a la zaga. Marxistas heterodoxos ambos, capaces también ambos de utilizar el lenguaje convencional de la economía académica al uso, los dos hombres mantienen ahora mismo un pulso de inusitada altura intelectual en el seno de Syriza. Al punto de que no supone exageración alguna decir que el porvenir inmediato de la Unión Monetaria acaso dependa del desenlace de esa disputa teórica.

Sin tampoco creer en el euro, Varoufakis, el posibilista, el pragmático, pondera el precio a corto plazo, altísimo, de romper la baraja, algo que lo ha terminado escorando cada vez más hacia la transacción con Bruselas. Lapavitsas, el apocalíptico que tiene a la mitad del partido detrás, postula por el contrario declarar la ruptura hostilidades con Berlín cuanto antes, ya, cueste lo que cueste. Su particular diagnóstico de la crisis en la Zona Euro, editado recientemente en castellano por Capitán Swing, remite el desenlace de la tormenta continental a cuatro escenarios posibles. Por lo demás, escríbase "España" donde él dice "Grecia" y no hará falta cambiar ni una coma del análisis. Una primera posibilidad, la hoy defendida por el grueso del establishment en el Sur, pasaría por mantener sine die las políticas de austeridad y contención salarial con la esperanza, cada vez más quimérica, de corregir en algún momento los déficits por cuenta corriente con Alemania. Se trataría de continuar dando cabezazos contra el muro hasta que se rompa… algo.

La segunda opción remite a una suerte de refundación de la UE que, sin violar el marco fijado por el Tratado de Maastricht y la Agenda de Lisboa, preservase la divisa común por medio del alumbramiento de algo así como un euro bueno. Es la idea que se masca en la sala de máquinas de la socialdemocracia del Mediterráneo, la visión estratégica que comparten desde el PSOE hasta Hollande y el Partido Democrático de Renzi. En la práctica, se trataría de reproducir dentro de la Zona Euro el modelo que mantiene unida a la Zona Dólar en el interior de Estados Unidos. Un esquema, el yanqui, que se sustenta sobre dos premisas básicas. Por un lado, las transferencias de renta, vía impuestos federales, desde los estados ricos, como California, a los pobres, como Arizona. La segunda, los flujos de grandes inversiones empresariales dirigidos por el Gobierno hacia los territorios de renta baja (los de la industria militar, por ejemplo).

¿Estaría dispuesta Alemania, socialdemócratas incluidos, a sufragar un modelo de equilibrio territorial similar dentro de la Eurozona? La respuesta se antoja sencilla: no. Punto. Así las cosas, se contemplaría una tercera opción para Grecia (y el resto de los deudores), la misma que defiende el principal think tank de la patronal alemana: una salida del euro, tal vez solo temporal, acompañada de la consiguiente devaluación del dracma. Pero el problema de fondo, la débil productividad de los países del Sur en relación a los del Norte, persistiría inalterable. A medio plazo, sostiene, todo volvería a ser igual. Y no se equivoca. Hay cosas que el libre mercado no puede resolver. Y esa es una. A juicio de Lapavitsas, pues, únicamente restaría una salida viable, la misma que él postula en Atenas a estas horas: repudiar el euro, proceder al cese de pagos y a la consiguiente reestructuración de la deuda pública, nacionalizando a un tiempo la banca, introduciendo controles a la circulación de capitales y acometiendo la socialización de ciertas áreas clave de la economía . Lo más parecido a aquello que los rojos de antes llamaban "revolución". Sépase.            

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