¿De verdad influye el CIS en los resultados?

José García Domínguez

Si algo no se puede discutir, por evidente, es que el resultado final de esas primarias nacionales, las que se van a celebrar en Madrid el cuatro de mayo, es mucho, muchísimo más incierto ahora que justo un minuto antes de que Angels Barceló diese inicio al efímero debate de la Cadena Ser, el mismo en torno al cual sigue girando de modo exclusivo la campaña a estas horas. Y ello porque, en el fondo, la gran cuestión que nos ocupa no deja de constituir un asunto bien simple, a saber: si la participación alcanza el 75%, gobernará la izquierda; por el contrario, cuanto más lejos quedase del 75%, más probabilidades tendría Ayuso de formar un gobierno en solitario. A partir de esa premisa mayor, que más que una premisa es un axioma, procedería dictaminar quién acertó con la estrategia de comunicación en los estudios de Prisa. A la derecha, o al menos al PP, le convenía dormir el partido, pero Iglesias ha conseguido dinamitar la campaña en el minuto cero. No se puede negar que de lo suyo, de lo genuinamente suyo, que es el agit prop, entiende. 

Pero yo venía aquí a hablar de otra cosa, de la influencia del CIS en los resultados de las elecciones. Asunto, el de la eventual capacidad de ese organismo estatal para condicionar la actitud ante las urnas de una parte del electorado, que no remite a una mera conjetura teórica, sino que, por el contrario, los politólogos ya disponen de suficientes evidencias probatorias al respecto. Así, la Universidad de Cambridge publicó hace poco un estudio de dos investigadores españoles, Pablo Brugarolas y Luis Miller, donde se acredita con datos empíricos que el CIS, y merced al enorme revuelo mediático que siempre provocan sus barómetros, obró por sí solo la hazaña de revertir, y de modo significativo, la tendencia a la baja en la participación cuando los comicios del 28 de abril de  2019, los que ganó Sánchez. En concreto, en ese documento científico de Cambridge se llega a la conclusión de que el efecto agregado de la encuesta del CIS más el ruido periodístico inmediatamente posterior a su publicación provocó un incremento de la participación final en los comicios estimada en un 5%, porcentaje decisivo a la postre. Y eso sin un Iglesias haciendo saltar el tablero por los aires.

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