Proceso de rendición

De Juana se morirá de risa

José García Domínguez

Si Calígula nombró senador a su caballo y Fernando VII rindió honores de ministro del Reino al aguador Chamorro, no iba a ser menos Zapatero. He ahí una de las dos únicas explicaciones plausibles –la psiquiátrica– a que ese fino intelectual renacentista que responde por Javier Rojo encabece hoy la Cámara Alta. La otra tiene más que ver con su delicada sensibilidad estética, atributo del alma que lo hermana con el presidente del Gobierno; sobre todo, desde que Javier Moreno les recita "Del asesinato considerado como una de las bellas artes" en el "Bobelia" de los domingos. No nos llamemos a asombro, pues, si el esteta Rojo sangra por la herida del carnicero De Juana (no confundir con el otro carnicero, el tete de Su Excelencia que preside Caja Vital). Y es que los sufrimientos de Rojo, al igual que los dolorosos males de Patxi Nadie, los del futbolista ese (no recuerdo ahora su alias) y los del Cuartel General de la Infamia –el Ferraz Buru Batzar– tienen nombre y etiología conocidos. En medicina lo suyo se llama síndrome de Stendhal. Y se define como una afección psicosomática que causa elevados ritmos cardiacos, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando un sujeto hipersensible resulta expuesto a una sobredosis de realizaciones artísticas.

Sabiéndolo, ya no nos resta coartada para la perplejidad. Porque aún no hemos visto nada. Pues esto, lo de la procesión de las plañideras progresistas haciendo cola para merendar con Iñaki sólo ha de ser el principio. Tiempo habrá, y será más pronto que tarde, de asistir a nuevas puestas de largo. De Juana, como no sea de risa no va a morirse. Así que preparémonos para el segundo acto de la gala. Que va a comenzar la gran performance de arte conceptual de la muy laureada escuela de los Nueve Milímetros Parabellum. Y la próxima obra maestra llamada a emerger del mako en loor de multitud será "La mierda del artista", también conocida por Henri Parot. Tras ella saldrán a escena "Los fusilamientos de la Diagonal", para goce y recreo de todos esos patriotas de Casa Nostra que tanto ansían ver de txiquitos a los asesinos de Ernest Lluch. Y así hasta 724.

Al menos, la enfermedad de Rojo, ese síndrome de Stendhal mentado arriba, aparece en el Vademécum. Lástima que la Ciencia todavía no haya encontrado explicación al otro. Ese síndrome de la cartuja de Parma que sufren los fabrizios del dongo de la calle Génova que, apenas a dos días del juicio del 11-M, aún no se han enterado de que están combatiendo en Waterloo.

A continuación