¿Cuál es el delito de los SMS?

José García Domínguez

Por si alguien albergase alguna duda, el diario El Mundo se ha encargado de demostrar que el presidente del Gobierno no ha movido ni un dedo para influir en el destino procesal del hoy recluso preventivo Luis Bárcenas. Hasta este domingo acaso cabía especular con esa posibilidad, pero los SMS revelados por el periódico resultan letales para cuantos sostenían tal hipótesis. Así, tras el brillante trabajo de los dos investigadores que firman la información, la sombra de sospecha sobre la conducta institucional de Rajoy ha comenzado a desvanecerse. Al respecto, merece especial mención el testimonio escrito del propio Bárcenas cuando desmiente la eventual mediación a su favor de la Fiscalía Anticorrupción, órgano, recuérdese, que depende jerárquicamente del Ejecutivo.

En verdad impagable ese servicio periodístico a la honorabilidad del presidente. Porque si no fuera por las "decenas" de mensajes electrónicos ahora en poder de El Mundo, tal vez no hubiera trascendido cierta petición del reo nunca satisfecha por Rajoy. A saber, la de que el fiscal Salinas fuese apartado del caso en beneficio de un tercero que propuso Alfredo Prada. Al cabo, el único aserto de Bárcenas comprometedor para el gallego, seis palabras envenenadas –"el despacho que tú me autorizaste"–, lo redacta ya rota la relación con el partido, perdida toda esperanza como en el infierno de Dante. A ojos del Código Penal, pues, el presidente del Gobierno acaba de ser exonerado de cualquier eventual interferencia en la peripecia judicial del chantajista.

Se salva la ética, pero queda, ¡ay!, la estética. Esos besos, esos "eres un encanto", esos abrazos, esos ánimos, ese "yo estaré ahí siempre". "La vida es resistir”, espeta Rajoy a Rosa [la socia en el contrato de gananciales con Bárcenas]. La sentencia es de Donoso Cortés, pero siempre se le ha atribuido a Narváez, que gustaba de repetirla. Aquel Narváez que en el lecho de muerte fue preguntado por el cura si perdonaba a sus enemigos. Y que, como es fama, respondió: “No puedo, padre: los he fusilado a todos”. Igualito que Rajoy, que, a la gallega, esto es sin andar haciendo mucha alharaca, también les ha dado matarile a todos. O a casi todos. Pero para enterrarlo a él a va a hacer falta algo más que una docena de SMS cursis. Al tiempo.

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