Plan Ibarretxe

Cosas veredes, Mío Cid

José García Domínguez
Cosas veredes que farán fablar las piedras, nos advirtió aquél. Y vive Dios que así ha sido desde que los Infantes de Carrión dejaran testimonio en las calzas de la impresión que les causó el talante de Mío Cid. De tal guisa que, sin ir más lejos, en 1978 vimos a los vascos y a las vascas autodeterminándose y votando a la Constitución española; igual que los catalanes, que también entonces ratificamos mayoritariamente al pacto constituyente. Mas yendo tan cerca como a anteayer, habríamos de ver a un Parlamento entero en el que ya absolutamente nadie se acordaba de eso. Entremedio, veríamos a los optimistas antropológicos tildando de “asesino” a quien acorralaba a los criminales y a las criminales que mataron a Ernest Lluch, a Fernando Buesa y a Fernando Mújica. Remontándonos casi dos siglos atrás, atisbamos en el primer artículo de la Pepa que los españoles nacemos justos y bondadosos, que no simples y lerdos como presuponía hace sólo veinticuatro horas el Pepe (Blanco). Y al volver camino del presente por la carretera de Perpiñán, avistaríamos el abrazo entre Carod Rovira y sus amigos de Terra Lliure que no se arrepentían de nada, ni de la primera bala ni del último ataúd.
 
Pero todavía no lo hemos visto todo. En realidad, es muy probable aún no hayamos visto nada. Y es que, por ejemplo, no nos han revelado los nombres de las estrellas en la gran gala final de la Operación Triunfo de ETA. Ésa en la que saltarán a la fama mundial los afortunados que designe el Gran Jurado para figurar en la foto más cara de la Historia; la de las sonrisas risueñas picadas de sarampión, el póster dorado de las mil manchas rojas. Justo antes de la Reforma, Ana Belén anunció que veríamos a Dolores paseando por las calles de Madrid; y al poco, la vimos y comprendimos que aquello sí iba en serio. Bien, pues ahora el plató podría estar en Barcelona, que es donde se cocina de verdad la Ruptura. Y ya hay pitonisas augurando los apellidos que más han pujado por figurar en la instantánea, los del ticket que acumularía todos los boletos en la rifa del próximo Nobel de la Paz. Que en la mascarada el papel de David Bisbal –insinúan a media voz– lo habría comprado Mario Soares, decidido, aprovechando que llega el Carnaval, a posar disfrazado de Jimmy Carter. Y que la plaza de Rosa López –que no Pérez– se la quedaría, en pago a los servicios prestados, Josep Lluis Carod Rovira, travestido para la ocasión de Nelson –que no Winnie– Mandela. Además, asignan nombre y apellido al tercer candidato al flash, aunque ése no representaba misterio para nadie. Ni él ni tampoco su máscara: Infante de Carrión.
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