Contra la inflación, demagogia populista

José García Domínguez

Gracias a la edición dominical del diario El País, acuso recibo de que Nelsi Ayala, inmigrante salvadoreña de 42 años y residente con su familia en Madrid, ocupa 12 horas diarias en su trabajo como limpiadora en varios domicilios privados y un edificio de oficinas de la capital de España. Según el reportaje, la señora Ayala, cuya actividad la obliga a pasar algo más de 4 horas en transportes públicos, obtiene unos ingresos mensuales de 1.200 euros netos. En el texto, muy completo y bien redactado, yo echo de menos, sin embargo, que se mencione que la señora Ayala no podrá formar parte de los beneficiados con esa ayuda de 200 euros, la que acaba de aprobar el Gobierno para socorrer a los sectores más modestos y que puedan compensar en algo la subida de la inflación.

Y es que la señora Ayala ingresa anualmente 16.800 euros, cifra superior al límite de 14.000, barrera por encima de la cual ya no se tiene derecho a esa ayuda. Pero si, por las circunstancias que fuere, la señora Ayala hubiera perdido durante el año pasado alguno o algunos de sus clientes, pérdida que le hubiese supuesto ingresar una cifra inferior a los 14.000 euros, tampoco habría tenido derecho a solicitarla. Y es que la señora Ayala está felizmente casada con un marido que, a su vez, trabaja de jardinero. Y el marido gana 800 euros (es de suponer que en la economía informal, ya que la suma resulta inferior al SMI). Es decir, que entre los escasos 800 del marido y los hipotéticos 1.000 de la esposa, la unidad familiar habría superado el límite de los 14.000.

Y procede que se sepa que esa ayuda tan machaconamente aireada durante las últimas horas tiene en cuenta los ingresos de toda la familia. Por tanto, ni en el peor de los casos posibles, la señora Ayala hubiese visto ni un solo céntimo. Ni un céntimo. Eso sí, los hijos de los patronos de la señora Ayala que cumplan 18 años en 2022, todos, sin excepción, sea cual sea la renta de sus padres, recibirán bien pronto un cheque-regalo del ministro Iceta por valor de 400 euros con el fin de que lo gasten en tebeos de Manga japonés, conciertos de rock o suscripciones a plataformas digitales de cine. Y todavía se extrañan de que los trabajadores ya no les voten.

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