Si Bill Gates fuese catalán

José García Domínguez

Un tal Mark Hanna, congresista del Partido Republicano allá a finales del siglo XIX, logró pasar a la Historia por una sentencia célebre: "Hay dos cosas importantes en política. La primera es el dinero, y la segunda... no recuerdo cuál era". Pero uno de los problemas del dinero es que no siempre resulta fácil contarlo. Por ejemplo, Bill Gates necesitaría emplear 1.680 años seguidos, incluidos día y noche, para terminar de contar los 53.000 millones de dólares de su fortuna personal. Y ello suponiendo que fuese capaz de hacerlo a una velocidad de un dólar por segundo durante dieciséis siglos ininterrumpidos. Otro modo de verlo: si Bill hubiera comenzado a comprobar personalmente el volumen de su patrimonio en el año 330 de la era de Cristo, siempre a la velocidad de un dólar por segundo, a estas horas del mes de diciembre de 2014 aún no habría consumado la prometeica hazaña (el lector interesado en tales ejercicios de aritmética recreativa puede consultar El probrema de los super-millonarios, de Linda Mcquaig y Neil Brooks, libro editado en España por Capitan Swing).

De ahí, pues, que Gates sienta a buen seguro profunda envidia de Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Teresa de Ávila y Leonardo da Vinci. Y es que si él también hubiese sido agraciado con la inmensa dicha de nacer catalán, hoy estaría disfrutando del gran regalo de Navidad para los potentados que acaba de elevar a rango de ley la Generalitat de Cataluña. Sucede que el patriota Artur Mas nos ha salido una especie de Robin Hood al revés: roba a los pobres para dárselo a los ricos. Así, la contrarreforma fiscal autonómica llevará a castigar a los pobres que encima resulten ser catalanes con un IRPF superior al soportado por el resto de los pobres a secas. Aquí, en el país petit, hasta ahora solo era de pobres hablar en castellano. Pero, a partir del próximo ejercicio tributario, también lo será pagar impuestos.

Al punto de que cualquiera que gane menos de 16.000 euros pagará más en Cataluña que al otro lado del Ebro. Y lo mismo sucederá a cuantos declaren hasta 30.000, cifra a partir de la cual se invierten las tornas fiscales: los catalanes tributan menos que sus iguales del resto de la península. El mundo al revés gracias al bonito cuento de la patria oprimida. Algo tan inaudito que hasta un celebrado icono del Madrid friki, el siempre frívolo e indocumentado Xavier Sala i Martín, no quería dar crédito al asunto. "Periódico serio cometiendo el clásico error de principiante: confundir impuestos medios con marginales", escribiría en Twitter a propósito de la información de La Vanguardia al respecto. Pero resulta que el error de principiante lo cometió él: lo publicado por La Vangurdia era exacto. Obscenamente exacto. ¡Y todos esos pobres idiotas haciendo cola para autoinculparse!

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