Cataluña, capital Tokio

José García Domínguez

¿Sabe el lector en qué año los separatistas catalanes obtuvieron su mejor resultado electoral de toda la historia? Estoy seguro de que a los propios separatistas les sorprendería descubrirlo en el muy improbable caso de que alguno me leyera. Y es que el mayor éxito en las urnas del secesionismo aconteció hace casi seis lustros, en 1992, que es lo mismo que decir en el año de la pera, cuando la idea de algo remotamente parecido al procés no pasaba por la cabeza de nadie. En concreto, aquella vez la suma de los partidos que luego se proclamarían separatistas, CDC más ERC, supuso un 54,2% de los sufragios, éxito que nunca antes habían alcanzado y que tampoco nunca después volverían a repetir.

Al punto de que el porcentaje que entre los tres grupos separatistas actuales - Junts, ERC y la CUP- lograron en las últimas autonómicas, un 51,3% ( apenas el 27% del total del censo con derecho a voto), queda aún lejos de aquel hito. Bien, ¿y qué quiero demostrar con eso? Pues quiero demostrar dos evidencias palmarias. La primera evidencia remite a que, frente a toda la charlatanería machacona de los medios nacionalistas, la que sostiene que las políticas de Madrit constituyen una fábrica de separatistas, los independentistas catalanes resultan ser siempre los mismos. Ni crecen ni decrecen. Son, y desde hace lustros, básicamente la misma tropa.

Segunda evidencia palmaria: su disciplinado y obediente gregarismo. Tan obedientes y tan gregarios resultan ser que, allá por 1992, prácticamente ninguno se hubiera reconocido separatista. Mientras que hoy, en 2021, absolutamente todos se dicen separatistas. Asunto que no tendría tanta enjundia si no fuera porque unos y otros son, en realidad, los mismos. Pasaron de un día a otro a ser separatistas todos. Y pasarán, también de un día a otro, a dejar de ser separatistas todos. Creo que es una idea original mía ( no se la he leído a nadie más) la de que esos cabritos son como los japoneses, modelo que nunca se menciona cuando se habla del asunto catalán. Los japoneses, casi tan gregarios y obedientes como los catalanes, se rindieron, todos y de golpe, porque se lo mandó el Emperador. Solo por eso. Y estos harán lo mismo. Les gusta obedecer. También lo llevan en el ADN.

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