Montilla y el colegio alemán

Catalonia über alles!

José García Domínguez

En algo que tiene toda la pinta de ser la venganza del chinito, leo una indiscreta información en el diario Avui firmada por cierto Joan Olivé, amargo cesante que por lo visto fuera director de TV3 durante la hégira de Pujol. Y es que, gracias a un amplio trabajo de investigación realizado por ese Olivé, los catalanes ya podemos saber cuánto paga el president Montilla por llevar a sus niñas al cole. Pues era fama que el Bachiller había puesto a salvo de la inmersión a su prole matriculándola en un colegio privado extranjero, el alemán por más señas. Pero, hasta ahora, nadie se había atrevido a pasarle (la) factura en las páginas de la prensa doméstica.

Y en esto llegó el despechado Olivé tirando de impresos de inscripción y calculadora. Así, gracias al airado Joan sin Feina, acusamos recibo de que el carismático líder del socialismo catalán apoquina "entre 320 y 335 euros, por diez mensualidades. Y como se pagan también dos mensualidades de 100 euros durante el verano, el coste total [de un alumno de Primaria] es de entre 3.400 y 3.550 por alumno y año". Suma a la que, tal como se apresura a aclararnos el kamikaze Olivé, hay que añadir otro desembolso ulterior en concepto de matrícula: 800 euros, "importe que no se devolverá una vez confirmada por escrito la admisión", según las condiciones generales del contrato. O sea, considerando que Montilla tuvo trillizos la última vez que fue padre, cabe concluir que la correcta educación de sus herederos le viene saliendo por un fijo de doce mil euros al año, extras aparte.

Bien, ante tan gravosa evidencia pecuniaria, lo único que procede es felicitar vivamente al president. Hasta la fecha, sabíamos que José Montilla encarna en su persona los atributos del socialista modélico: lo que piensa nunca tiene nada que ver con lo que dice, y lo que dice jamás coincide, ni por casualidad, con lo que hace. Mas, desde hoy, hemos de añadir al reconocimiento de esas virtudes militantes las loas que corresponden a un padre de familia ejemplar. En su fuero interno el presidente de la Generalidad alberga la profunda convicción de que Cataluña es una nación... de ignorantes. De ahí que, como buen esposo y padre, se haya preocupado por liberar a sus tres vástagos de la peor red educativa pública de España y de Europa, que no es otra que la catalana, tal como acaba de certificar –para nuestra vergüenza– el último informe de la Fundación Jaume Bofill. Y un ciudadano responsable y de posibles que se conduce de tal guisa con los suyos no merece más que aplauso, encomio y admiración. Aunque siempre habrá algún demagogo que, encima, lo critique. Por envidia, claro, que por algo se llama así el socialismo de los imbéciles.

Nota bene: Ese trabajo de campo difundido por el irreflexivo Olivé no incluye el coste de las tasas correspondientes a los muy lacerantes conceptos de comedor y transporte escolar.

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