Carme Chacón

Campanilla for president!

José García Domínguez

Carme Chacón, la genuina heredera intelectual de Zapatero, valga el oxímoron, por fin ha dado el paso al frente. Nuestra abatida socialdemocracia doméstica habrá de optar, pues. O Rubalcaba o ese lacrimógeno híbrido entre Pipi Langstrumpf y la lánguida Jeanette que, como es fama, salió rebelde porque el mundo la hizo así. Más que tratarse de una disputa ideológica, añeja mercancía hoy descatalogada igual a diestra que a siniestra, serán dos paradigmas los llamados a rebato: Gutenberg contra Twitter. Un hijo póstumo de la imprenta frente a la neolengua telegráfica de las proclamas emocionales y los 140 caracteres como máximo. La razón adulta en retirada frente a la adolescencia interminable y su telegénico imperio de los sentidos. El siglo XIX frente al XXI. Descartes versus Terelu Campos.

Sin enterarse de nada, como acostumbra, la derecha matritense ha dado en tomarse a chacota a la Chacón. Ya se les ha olvidado que su compañero de juegos en el jardín de la infancia eterna ganó dos elecciones consecutivas sin siquiera despeinarse. Y que el electorado solo lo repudiaría cuando dio en conducirse como un adulto, tras el célebre decreto de ajuste. Lo abandonaron luego de hacerse mayor de golpe, ni un minuto antes. Por algo, tal como Rajoy está comprobando ahora mismo, el único pensador político que cuenta con el aprecio unánime del pueblo español es Peter Pan. Repárese, si no, en esa última cata demoscópica de El País, la que certifica la mayúscula irritación ante la subida de los impuestos por parte de los votantes... del PSOE.

En una nación así, ¿cómo no va a disponer Campanilla de muy serias posibilidades para algún día acceder a La Moncloa? Al tiempo, se ignora la otra evidencia no tan óptima que late detrás del deslumbrante triunfo conservador. Y es que, pese a compartir pareja clientela sociológica, no ha habido ningún trasvase de votos significativo. Los socialistas se han desangrado por mor de la abstención y de otras siglas satélites. Y esos cuatro millones de hijos pródigos, tarde o temprano, volverán al hogar paterno. Apenas será una cuestión de tiempo. Que de ahí, por cierto, el izquierdismo naïf que impregna el discurso todo de la postulante. Nadie se llame a engaño: Campanilla podría ganar.

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