Cameron no es el modelo

José García Domínguez

Se suele hablar poco del asunto, pero el país que lidera las tasas de crecimiento mundial en los últimos veinte años no es China, como tantos creen, ni Singapur, Suiza o Dinamarca, sino Guinea Ecuatorial. Bajo la hierática e irascible batuta de Teodoro Obiang, el PIB per capita de Guinea viene disparándose a un deslumbrante promedio del 18,6% anual en lo que llevamos de siglo, más del doble que su inmediato seguidor en esa liga galáctica, la República Popular China, que apenas ha alcanzado un 9% en idéntico periodo. Y sin embargo nadie parece muy impresionado por semejante hazaña. De hecho, pocos son los que llaman a adoptar el modelo guineano como alternativa al colapso de Europa Occidental. Acaso porque todo el mundo sabe lo que en verdad yace tras ese estupefaciente indicador macroeconómico: un agujero en el suelo del que mana petróleo.

Agujero, por cierto, que explota una multinacional yanqui a cambio de untar con una propinilla al dictador local. Y es que, a diferencia del algodón, los números y las estadísticas sí engañan. Y mucho. He ahí la hoja de servicios de Cameron, casi tan impresionante como la de Obiang en comparación con los mediocres logros del resto de Europa. Y sin embargo, el Reino Unido, al igual que Guinea, tampoco es el modelo a imitar. Cierto que ahora mismo crecen a un ritmo tres veces superior al de la Unión Europea, pero el suyo, como el español, también es un crecimiento con los pies de barro. La productividad inglesa, como la nuestra, ni está ni se la espera. Y sin hacer algo por la productividad pueden crearse, como aquí, unos cuantos empleos de camarero, dependiente o de friegaplatos, pero el país, igual que aquí, no ganará competitividad.

Y sin ganar competitividad, desengañémonos, no hay nada que hacer. Hoy, un obrero inglés produce menos valor por hora trabajada que hace siete años. Exactamente lo mismo que ocurre en España, por cierto. Así no se va a ninguna parte. Se pueden hacer juegos malabares con las estadísticas y con la demagogia electoral, sí, pero no se va a ninguna parte. A imagen de lo que aquí sucede, el Reino Unido crece gracias al consumo, no a la inversión. Como entre nosotros, allí tampoco está invirtiendo nadie. ¿A qué extrañarse, pues, de que su déficit por cuenta corriente recuerde ya al español, con sus déficits crónicos? Sépase que el Reino Unido tiene a estas horas el mayor déficit externo del mundo. Sí, del mundo. Un disparate. Lo suyo, como lo nuestro, es pura economía vudú. Lo de Cameron no es más que una huida hacia delante insostenible. Como la nuestra. Igualita.  

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