Trama 11-M

Buscando al Nayo desesperadamente

José García Domínguez
Lavandera avisó a la Guardia Civil, y no le hicieron caso. Zohuier avisó a la Guardia Civil, y no le hicieron caso. Campillo avisó a la Guardia Civil, y no le hicieron caso. Toro avisó a la Guardia Civil, y no le hicieron caso. El Nayo avisó a la Guardia Civil, y no le hicieron caso. La Guardia Civil avisó a la Guardia Civil, y tampoco le hicieron caso. Es exactamente como en Z, aquella película de Costa Gavras sobre el golpe de los coroneles en Grecia, pero al revés. Y es que en el guión español, no hay un solo protagonista, por muy secundario que se antoje, que no esconda un criadero de culebras en el jardín del piso franco y otro en el hórreo de la aldea.
 
Además de ésa, hay otra aportación en el libreto cantábrico que resalta Nayo en su confesión. Así, revela el fugitivo ilocalizable ante su chofer, su guardaespaldas, su entrevistador, su fotógrafo y su sentido común: "Emilio es zote del todo". Ahí, en el cuidado repertorio de zotes, es donde se quiere diferenciar el remake asturiano del original heleno. Porque esa distorsión grotesca esconde el auténtico valor añadido de la semana interminable de cine negro de Avilés que nos programan en sesión golfa. Sí, todo el secreto de esa joya de la serie "B" reside ahí, en haberse inspirado en Paco Martínez Soria para el papel de Yves Montand. Porque, tras la entrevista de El Mundo, alguien en el Comité de Sabios de la Fiscalía General del Estado se debería dar por aludido. Aunque únicamente fuera al constatar que ni El Nayo, un simple figurante, entiende lo de Conde Pumpido: eso de negarse a entrar en el armario empotrado de Toro, el escondite los doscientos kilos de Goma 2 para la ETA.
 
Porque era para la ETA. “Yo tengo claro que algún viaje de explosivos fue a parar a ETA”, se sincera el extraviado del chofer y la escolta. Y lo debe tener tan claro porque éste, por razones obvias, cree más en la generación perdida americana que en el viejo nuevo cine europeo. Así, para mí tengo que Nayo está más por el Chandler de Cosecha roja que por el general Laguna de La ciudad no es para mí. Eso, pese a la pinta que gasta de chanelar los siete dialectos del griego, como exigía Max Estrella a cualquier comisario que pretendiera detenerlo. En realidad, la entrevista, de principio a fin, no es más que un homenaje a la mejor novela negra; a aquélla en la que un gángster veterano de repente le espetaba al último junior que empezaba en el oficio: “Nunca te fíes de un poli, cuando menos te lo esperas siempre se ponen del lado de la Ley”. Jamás lo encontrarán. Cualquiera que haya leído a Chandler lo sabe. Hasta Alonso.
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