Camps

Brecht nunca escribió eso

José García Domínguez
Decía Pla que no existe nada más parecido a un español de izquierdas que un español de derechas. Y algo de verdad hay en esa boutade del maestro. Sobre todo, desde que el lerdo fanatismo de los hinchas del fútbol con su deprimente corolario de ciega adhesión incondicional a los colores también se ha enseñoreado de la vida política. Razón última, por cierto, de que los medios de comunicación hayan devenido en cotidianos proveedores de alfalfa retórica con que alimentar a los descerebrados de cada establo enfrentado.

Así, a la simplificación grosera de los términos del debate con el pueril recurso a las categorías de "progres" y "fachas", añádese la irremisible banalización del lenguaje. Amargo fruto de un abuso de la hipérbole que ya ha convertido en empeño imposible cualquier intento de restaurar el valor moral de las palabras. ¿Cómo volver a hablar alguna vez en serio allí donde se recurre a diario a términos como "exterminio", "muerte civil" o "totalitarismo" con tal de retratar vulgares reyertas entre diputados o concejales, cuando no de glosar turbios contubernios entre simples chorizos?

De ahí la estridencia estética de la puesta en escena que montó Camps el otro día con tal de desmentir el asuntillo ese de los trapos de El Bigotes. Presunta horterada sub iúdice ante la que no se le ocurrió nada mejor que organizar una falla propia de la dimisión de Nixon tras demostrarse lo del Watergate. Al cabo, otra prueba de la definitiva institucionalización del cantinflismo en la esfera pública. Por lo demás, y ya que a imitación del PSOE alguna derecha también se empeña en combatir la inflación ahorrando en libros, alguien debería ilustrar al presidente valenciano a propósito de cierto diálogo acontecido en los albores del nazismo.

El que transcurrió entre los muros de una prisión alemana durante la visita rutinaria del capellán a los reclusos, cuando, perplejo tras toparse con un igual entre rejas, éste le preguntó: "¿Qué hace usted aquí?". A lo que el preso respondió sin inmutarse: "Dada la situación de nuestro país, soy yo el que le pregunta: ¿Qué hace usted que no está aquí dentro conmigo?". Y es que ya iría siendo hora de que quien cometa los discursos de Camps descubra a Martin Niemöller. Aquel reverendo protestante que, además de pronunciar esa célebre frase, también escribió el famoso poema que sólo los ignaros hispanos se empeñan en atribuir a Bertolt Brecht: "Primero fueron por los comunistas, pero yo me callé porque no era comunista...".

¿Lo vamos pillando, Cotino? 
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