La Guardia Civil y el 11-M

Bolinaga y el eterno retorno

José García Domínguez
A pesar de gastarse un mostacho que ni pintado para un revival, el Tejero del 11-M nunca podría ser este Teniente Coronel Bolinaga. Porque el perito en desviar al psiquiatra a todo guardia civil ejemplar que se cruce en su camino, a la máxima notoriedad que está llamado es a convertirse en pregunta de examen en el Bachillerato LOGSE.
 
Así, cuando caiga "Bolinaga" en el test de Lógica, los alumnos deberán elegir entre estas cuatro opciones. Primera: Estaríamos ante hombre de escasas luces; por eso, consideró que la grabación de Lavandero era objetivamente irrelevante y la escondió antes de disponerse a destruirla. Segunda: Su ocultación obedecería a encubrir a algún eslabón de esa cadena de supermercados de lo turbio que no para de abrir franquicias en Asturias. Tercera: Actuó como lo hizo ya que, por acción u omisión, entendía que la divulgación de la cinta podría perjudicarle. Cuarta: La verdad se puede degustar elaborando un jarabe a base de las tres opciones anteriores; se trata de un cóctel en el que el ingrediente básico de la primera respuesta llenará, como mínimo, la mitad del vaso. Sólo en una de esas casillas podrán marcar una cruz los examinandos, ya que se antoja imposible ofrecerles alternativas diferentes: tanto la lógica aristotélica como la cartesiana no dan más de sí para explicar la conducta del poco benemérito Bolinaga. Pero, a pesar de eso y de que también gritara "¡Quieto todo el mundo!" en el patio de su cuartel, un Tejero de esta historia jamás podría ser él. Aunque sólo fuera porque el 23-F, quien estaba tras el telón era un elefante blanco y ahora, lo que presumiblemente se esconde es un camello más bien marrón.
 
El director de El Mundo no deja de repetir que aquí nos enfrentamos a "un jeroglífico envuelto en un misterio encerrado en un enigma". Cierto, aunque eso no excluya que al tiempo pudiéramos tener delante un alijo de hachís y cocaína envuelto en un arsenal de pipas y Goma-2 encerrado en un garaje repleto de coches robados. No tendría nada de extraño. Llevamos toda la vida chapoteando en las pestilentes aguas empantanadas del mismo río, es la única respuesta buena cuando toca Heráclito en la Selectividad. Lo sabemos todos desde aquel día que los "Pata negra" escoltaron a Roldán en calzoncillos hasta Laos. De idéntico modo, los escolares de cuarto de ESO también conocen la contestación del aprobado cuando el de "Sociales" les pide que ilustren con un ejemplo la doctrina del "eterno retorno": Primero. El abogado de Rafael Vera recibe un maletín lleno de millones para que Paesa colabore en la captura de Roldán. Segundo. Otro colaborador de Rafael Vera, el coronel Hernando, de la Guardia Civil, vuelve a obtener otro maletín, también lleno de millones, para que terceros – Amedo y Domínguez– vuelvan a colaborar (esa vez, para que no se pudiera capturar a nadie). Tercero. Hernando vuelve a la UCO, Roldán vuelve a la calle, Vera vuelve a la cárcel, y Paesa vuelve a la vida. El eterno retorno: ninguno de los protagonistas luce mostacho.
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