Cataluña

Banana Republic

José García Domínguez

Como parece que el Barça ya tiene medio ganada la liga, ahora toca pasar el rato recuperando la memoria histórica. Porque, aquí, el caso es andar siempre entretenidos en algo, que si no nos aburrimos. De ahí que Suso de Toro le haya explicado a ZP que habría que reinstaurar la Constitución de la Segunda República. Y vaya usted a saber, quizá no ha sido tan mal negocio ponerle un dinero al rapaz para que nos hurgue el futuro en las bibliotecas que quemó Azaña. Cierto que mañana igual insta al otro a implantar la guillotina electrónica en la Puerta del Sol, la gran idea de Valle Inclán que el PSOE no acabó de implementar en su día, aunque bien sabe Dios que por premura de tiempo, que no por falta de ganas.

Eso no hay que descartarlo. Pero, del mismo modo, tampoco hemos de perder toda esperanza de que, buscando, buscando, acabe descubriéndole al jefe de Montilla aquella sentencia impagable de Cánovas que yace ahí, enterrada bajo el polvo de los Libros de Sesiones: "Mis enemigos me han injuriado muchas veces, pero jamás me han llamado tonto ni ladrón". Pues ya se sabe que de estos Intelectuales de Renting al Servicio de la República se puede esperar cualquier cosa. Por algo don Eugenio D´Ors le dedicara aquella quintilla tan atinada al socio fundador de la empresa:

Ortega, la vida es dura
y exige inventos geniales;
tú has puesto la razón pura
por cifra en la cerradura
de tu caja de caudales.

Claro que, ya puestos a reciclar ferralla en los vertederos de la historia, lo suyo sería becar a Robert de Ventós para que le exhumara al PSC las biografías de dos simpáticos emprendedores de la época, las de David Strauss y su socio, un señor Perl. Qué mejor homenaje de esta "democracia consolidada, fuerte y ejemplar" –Zapatero dixit– a aquella república de trabajadores, que tal que así la bautizara el sector ágrafo del Partido Socialista, y valga la redundancia; es decir, Largo Caballero por mano de su propio Luis Araquistáin.

Nada de encargarle a Xavier el próximo informe sobre las codornices gallegas, últimamente tan indigestas por otro lado. Mejor sería sentarlo ante Montilla, Zapatero, Fornesa y Maragall, los cuatro con gorrito frigio y matasuegras. Y que el sabio les contara la bonita historia del Estraperlo, aquella OPA tan ingeniosa que se llevó por delante al presidente del Gobierno de la República; y todo por aceptar el regalo de un simple reloj de pulsera. Ya estoy viendo al de Iznájar entonando María de la O al salir de la clase: "Maldito parné...". Y es que ni las coplas de ahora son como aquellas tan bonitas de la República.
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