Artur Mas quiere fundar otro PNV

José García Domínguez

Al modo de Franco, que impuso bien pronto y por las bravas el célebre Decreto de Unificación para que les quedara muy claro a falangistas, monárquicos y requetés que en España solo iba a mandar él, Puigdemont, el caudillo del procés, ordenó, y al poco de tomar las de Villadiego, la voladura controlada de lo que aún quedaba en pie de la vieja Convergencia, ese engendro amorfo que se hace llamar PDeCAT, para, sobre sus cenizas, crear el nuevo Movimiento Nacional del País Petit, que únicamente responda ante él y ante la Historia. Pero el asunto parece que se le está complicando. Y es que Artur Mas, el mismo que acaba de dejar claro con muy buenas palabras que rehusa pasar por el tubo de ese suicidio ritual colectivo que el Emèrit exige a la vieja guardia pujolista, no es un Hedilla cualquiera, un don nadie al que se pueda apartar de la escena del poder de un plumazo, sin temer mayores consecuencias. Era tan previsible que terminasen chocando... En realidad, lo extraño es que hayan tardado tanto. Porque, vistos de lejos, pongamos por caso unos quinientos kilómetros, pueden parecer lo mismo. Pero no lo son, en absoluto.

Muchos barceloneses, entre ellos yo, tuvieron noticia de la existencia de la familia de Mas ya en la infancia porque los ascensores de los edificios donde viven habían sido montados en una empresa de su padre. Cuando aterrizó en la política local como concejal en la Plaza de San Jaime, Arturo (todavía se llamaba Arturo) no era, pues, un ignoto aventurero indocumentado que hiciese su aparición en la vida pública con una mano delante y la otra detrás. Fabricar ascensores en una nave industrial del Bajo Llobregat, qué le vamos a hacer, no es lo mismo que ayudar a hacer roscones en una panadería de pueblo los domingos por la mañana. Aunque cueste trabajo creerlo demasiadas veces, dentro de la élite que comanda el movimiento secesionista hay algunas cabezas muy bien amuebladas y no poca inteligencia. Testas como la del economista Mas Colell, alguien del círculo personal de Mas, quien no se cansa de decir, y además en público, que la independencia unilateral, el mantra único de Puigdemont, constituye un objetivo imposible porque Europa no lo va a consentir. Todo un anatema. Y él lo repite. Constantemente. Sin cesar. Estamos a cinco minutos de que los disidentes funden el PNV.

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