Antisistema

José García Domínguez

La última deposición pública de la señorita Imma Mayol – "Yo también soy antisistema"– ha desatado una tormenta doméstica en Cataluña que uno, en su candidez, no acierta a comprender. Pues, ¿qué otra cosa podría ser la señorita Mayol más que antisistema? ¿O acaso alguien en su sano juicio cree que el Sistema hubiera premiado con 110.000 euros anuales, coche oficial y chofer privado, los arcanos saberes profesionales de la doña de Saura? Contra el sentir general, la señorita Mayol, que se ha revelado nuestra Jannette local –"Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así"–, lo que demuestra al televisarse orgullosamente antisistema es su extrema lucidez, atributo sólo digno de encomio y aplauso. Sin embargo, tal confesión de parte a punto ha estado de provocar el Motín de Esquilache entre sus iguales del Tripartito.

Dícense grandemente contrariados por esa declaración los propios del Honorable Montilla, que ya debe haber olvidado aquel remoto polígono industrial donde lo quería el Sistema. Y sólo guardan un prudente silencio los pares del no menos honorable Benach, aún recurrente en sus pesadillas nocturnas la imagen de esa escoba que el Sistema le confiara para mejor barrer los jardines municipales de Reus. Así las cosas, bien haría Joan Saura, el marido de hecho, en poner coto a las habladurías de la canalla , terciando de esta guisa: "Yo, el zurupeto que recoge las caquitas del gato, también levanto 117.397,40 euros al año en la Generalitat, que, sumados a lo que trae a casa la Imma, no dejan de ser un dinero. Y ahora, compañeros y compañeras, váyanse ustedes al Sistema y, sin tampoco saber dibujar el rabo de la "o", intenten emular nuestra jugada".

Por lo demás, la compañera del compañero ha anunciado que, tal como sucede a los okupas, el Sistema le provoca "mal rollo". Desazón espiritual, ésta la de la señorita Mayol, que no dejaría de desconcertar a más de un comunista de los de antes. O sea, de los que aún leían y albergaban constancia de que Engels no es una multinacional de detergentes, sino el nombre del autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Porque si al cuate de Marx lo que le sulfuraba era la institución misma del matrimonio, sobre todo entre personas de distinto sexo, que era lo que se estilaba en la época, la Imma dice haber sufrido horrores por lo contrario; es decir, por no ver con la cabeza bien sentada y felizmente casados incluso a los homosexuales.

En fin, ya lo dejó escrito el padre de la Idea: "De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades". Lo que nunca debió pensar es que agrupar a la Imma y el Joan en la lucha final nos iba a salir por 227.397, 40 euros al año. Pero todo sea por derrocar al Sistema.

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