Opinión

Aló Maragall

José García Domínguez
No hay lugar en esta Europa posmoderna donde las enseñanzas del multiculturalismo se hayan llevado a la práctica de un modo tan entusiasta como en Cataluña. Prueba de ello es que del enriquecedor diálogo con el Islam, Pujol aprendió a prescindir de la mitad de los cerebros que le pagaban el sueldo; no por inferiores, tal como ocurre con las mujeres en tierras del Profeta, sino por no carecer del preceptivo certificado de normalidad que él mismo expedía. Sobre esa piedra eligió edificar su iglesia el nacionalismo, y el ahora llamado a seguir amontonando ladrillos en torno a ella es Maragall.
 
Pero el heredero se propone introducir dos cambios en los planos de la obra. El primero, ya consumado, ordenaba imprimir un giro de 360 grados a la política de control de los medios de comunicación que practicó CiU. El segundo, que se estrenará este miércoles, pretende enriquecer el poso muslime de su antecesor con las aportaciones tropicales de la revolución bolivariana del coronel Hugo Chávez. Porque, a partir este día, el President iniciará un serie de debates en directo con el pueblo, sin más intermediarios que las cámaras de la televisión autonómica. El “Aló, presidente” del tripartito, por lo leído, se llamará Torn de preguntes al President de la Generalitat. Y también por lo poco que ha trascendido del show, el formato únicamente se distinguirá del original chavista en que Maragall comparecerá ante las masas de paisano y sin pistola.
 
Tampoco se sabe a estas horas si los interlocutores del President irán ataviados con boinas rojas y vistosas camisetas con el retrato del Ché. Porque lo único que se conoce de ellos es que son ciudadanos “anónimos”. Sin embargo, a los temas de las preguntas espontáneas que formularán no se les garantiza idéntico anonimato, y ya están en poder de los funcionarios que producen el espectáculo. Incluso los han hecho públicos. Así, los incógnitos elegidos por el azar lo interrogarán, básicamente, sobre “la relación Cataluña-España, y el nuevo Estatut”. Las dos grandes materias que nos quitan el sueño a los catalanes. Sin ir más lejos, yo mismo no pude pegar ojo en toda la noche, pensando en tan graves cuestiones; y varios amigos me llamaron al móvil de madrugada, desvelados por idéntica inquietud.
 
El caso es que el Govern está alarmado porque sus periodistas no aciertan a  “transmitir el modelo”. Se lo acaba de afear uno de sus miembros a la directora de Catalunya Ràdio, una vieja comunista a la que en su día no se le ocurriera mejor manera de combatir al franquismo que prestar su voz como locutora en los partes en la desconexión local de Radio Nacional de España. De ahí, el inesperado efecto del derroche de ineptitud de los plumillas-comisarios: el coronel sigue sin tener quien le escriba, pero en Barcelona existirá alguien que le adeude derechos de autor.                     
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