Congreso del PPC

Alicia en el País de las Maravillas

José García Domínguez

Aún con la resaca del alarde vúlgaro, ahorita nos toca a los polacos otra sesión triple de democracia orgánica, adhesiones incondicionales al mando y besamanos por bulerías. Para más señas, este fin de semana. Y como no nada hay en este valle de lágrimas que no resulte definitivamente empeorable, parece que ni siquiera arribista tan inodoro, insaboro e insípido como el difunto Dani (Sirera) se le antoja bastante maula al gallego con tal de garantizar que el PPC se disuelva para siempre en el paisaje catalanista.

Así, la venganza del chinito, la señal inequívoca de que el apparatchik nombrado por Acebes para sustituir a Piqué habría de correr idéntica suerte que su mentor, llegó con la designación de los senadores autonómicos. Entonces, contra toda lógica mesocrática, la muy versátil Alicia Sánchez Camacho se alzaría con el escaño de senador del Reino que ya saboreaba el bisoño Sirera. Señal de humo que, por lo demás, ya indicaba a quienes supiesen leerla por dónde habrán de ir los tiros en el inminente aquelarre catalán.

Nadie se asombre, pues, de que, si Javier Arenas lo permite y el inmaculado editor del Avui no lo impide, la tapada de "consenso" llamada a pastorear la segura extinción del partido en Cataluña responda por Alicia Sánchez Camacho. La heroica tribuna Camacho que, sólo unas horas después de que un comando de ocho nacionalistas encapuchados asaltara y destrozara el aula de la Universidad de Barcelona donde imparte sus clases Francisco Caja, dio en gritar ante las cámaras de TV3: "¡Fueron los fascistas! ¡Fueron los fascistas!". Huelga decir que la cándida Alicia pretendía denunciar con sus berriditos no a los agresores de Caja, sino al tribunal militar que, seis décadas atrás, condenara a muerte al sedicioso Lluís Companys.

Musa durante años del showman separatista Xavier Sala i Martín, quizá de ahí, de las malas compañías, el que nuestra Alicia no tenga ningún problema en abrazar la nacionalidad del País de las Maravillas cuando los focos que la iluminan son los de alguna televisión doméstica, ante las que más de una vez no se ha privado de confesar que su país es Cataluña; eso, a pasar de que su continente sea África (los orígenes familiares de la camaleónica Camacho nos remiten a Ceuta), dato entrañable que suele hurtar a la audiencia.

En fin, estomagante cóctel elaborado a partir de un batido de incontinencia verbal, inconsistencia ideológica, eclecticismo moral y un bote a granel de estridencia estética, diríase que esta Camacho representa el perfecto sucedáneo semidesnatado de Pilar Rahola elaborado para consumo exclusivo en el mercado local. Vaya, que da el perfil para encabezar el gran viraje hacia Guatepeor con el que sueña don Mariano.

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