Alarma antifascista

José García Domínguez

Después de que, por la acción u omisión de los antidisturbios del presidente de la República Francesa, catorce chalecos amarillos hayan resultado muertos ya, un récord de brutalidad que coloca a Macron al mismo nivel de un Erdogan cualquiera, la gran preocupación a estas horas de los pastores de la opinión pública europea es el riesgo que correrían las libertades y los derechos humanos si en el balotage llegara a ganar la señora Le Pen, mujer mucho menos elegante, glamourosa, cosmopolita y sofisticada que Emmanuel, sin duda, pero que no ha matado ni a una mosca en toda su vida. Llega el fascismo, gritan a coro.

Uno, ingenuo, se pregunta qué estarían diciendo los heraldos intelectuales de la sociedad sociedad abierta y el mundo libre si en, pongamos por caso la Budapest de Viktor Orbán, los cuerpos policiales hubieran dado muerte a una anciana de 80 años con una granada lacrimógena MP7, todo ello en medio de una batalla campal contra unos manifestantes que demandasen algo tan radical y revolucionario como la reducción de los impuestos que gravan los carburantes. O sea, lo que ocurrió en Marsella hace apenas un par de años. Solo entre octubre de 2018, cuando dieron inicio las manifestaciones, y enero de 2019, algo más de 6.400 personas habían sido detenidas y trasladadas a dependencias policiales en toda Francia.

¿Alguien es capaz de imaginar el alboroto ensordecedor del gallinero mediático oficial si, pongamos por caso Mateo Salvini en su etapa de ministro del Interior en Italia, hubiera detenido y abierto diligencias en comisaría a 6.400 manifestantes contrarios al Gobierno? Mientras escribo estas líneas, treinta ciudadanos franceses han perdido al menos un ojo gracias a la buena puntería de los gendarmes encargados de reprimir las protestas. Y otros cinco ciudadanos franceses han sufrido la amputación de una mano o de un brazo a causa de la misma pericia con el gatillo de los agentes del orden de Macron. Añádase que 750 han requerido asistencia sanitaria en hospitales por efecto de la contundencia policial. Pero, eso sí, el gravísimo peligro para la libertad, los derechos civiles y la democracia lo encarna Le Pen. Alarma antifascista.

A continuación