Abascal no es Rivera

José García Domínguez

Político inteligente pero asintomático, Pablo Casado semeja fantasear ahora con la idea de repetir en el caso de Vox otra maniobra de acoso y derribo esencialmente similar a la que tan óptimos resultados le está deparando la que emprendió en su día contra Ciudadanos. Diríase que la nostalgia del viejo bipartidismo difunto y enterrado le puede aún más que el afán de instalarse en la Moncloa. No obstante, pensar a estas alturas, como piensan Casado y su sanedrín más cercano, que tal cosa, el retorno a aquel pasado idílico (para ellos), pudiese resultar posible, creer eso en serio, implica no haber entendido nada, pero nada de nada, de cuanto está ocurriendo en el escenario político no sólo de España y Europa, sino también en el de la totalidad de Occidente.

La dirección nacional del PP vive encerrada, es evidente, en ese pequeño mundo doméstico y provincial, el de andar por casa, que empieza y acaba en las conjuras de vuelo gallináceo que siempre se incuban en Génova. Esa gente, es sabido, no lee nunca nada. Pero es que tampoco ve mucho más allá del límite de sus narices. No han entendido todavía, es igual de evidente, la naturaleza profunda y estructural del gran cambio que en todas partes se está produciendo en el mapa de la representación electoral de la derecha. Así, guste o no, la otra derecha, y etiquétela el lector como más le plazca, agrupa ya, ahora mismo, el 40% del censo electoral en Italia. Fenómeno que, con solo apenas algo de menor intensidad, asimismo ocurre en Francia, sin ir más lejos.

Hay algo esencialmente pueblerino y miope en esa presunción implícita suya, la consistente en barruntar que España tiene que constituir la excepción dentro de una tendencia general que se manifiesta ubicua por todas partes. Casado y el señor de Murcia creen que España es diferente, pero no lo es. De hecho, no lo ha sido nunca. Baje de la Luna el todavía líder del PP, Vox, a diferencia de Ciudadanos, no es el fruto episódico y con fecha de caducidad de un cabreo episódico entre la base electoral de la derecha convencional. Vox representa otro fenómeno bien distinto. Por eso no va a disolverse en la nada mañana. Y tampoco pasado mañana. Desengáñense en Génova, Abascal no va a acabar pidiendo una nómina de catorce pagas (más dietas y variable) en Martínez Echevarría.

A continuación