9.375 millones de mentiras

José García Domínguez

Artur Mas ha vuelto a mentir. Otra vez. Cuenta en alguna parte Cesare Pavese que el fascismo empezó a ganar definitivamente la partida en un viejo vagón de tren que recorría la Italia profunda. Era verano, hacía un calor pegajoso, los pasajeros se amontonaban unos contra otros. El traqueteo del convoy, los asientos de madera, el ruido, todo hacía insufrible la lentitud de aquella máquina. Y de pronto, un camisa negra se alzó y empezó a berrear sandeces sobre la patria. El tipo se iba excitando cada vez más, hasta que comenzó a teñir de amenazas lo que se había convertido en una arenga. Las falacias que salían de su boca a borbotones podrían haber sido rebatidas por muchos de los pasajeros que viajaban a su lado. Pero ninguno lo hizo. Todos, sin excepción, permanecieron callados. Les pudo el agotamiento, el tedio y también, claro, el temor. Así que el charlatán continuó hablando y hablando sin que nadie le replicase. Seis meses después de aquella escena, concluía Pavese, comenzó la Marcha sobre Roma. Esa historia no se puede repetir. Por eso hay que contestar. Siempre.

Hay que gritar, y bien alto, que Artur Mas miente cuando acusa al Gobierno central de hurtar a Cataluña nada menos que 5.748 millones de euros por la vía de incumplir lo establecido en la Disposición Adicional Tercera del Estatuto de Autonomía de Cataluña. O sea, por el procedimiento de no obedecer a una norma cuyo carácter vinculante fue declarado inconstitucional de forma expresa, clara e indubitada por el TC en la sentencia sobre el Estatut. Así de claro lo expresaba el veredicto final de los magistrados:

La Disposición Adicional Tercera, apartado 1, debe interpretarse en el sentido de que no vincula al Estado en la definición de su política de inversiones, ni menoscaba la plena libertad de las Cortes Generales para decidir sobre la existencia y cuantía de dichas inversiones.

Mentira y gorda, pues, lo de los 5.748 millones.

Pero aún hay un tipo de falsedades mucho más eficaces que las simples mentiras: las verdades a medias. Por ejemplo, esa "deslealtad del Estado respecto a Cataluña", la que afectaría a la Ley de Dependencia, que igual denuncia Mas en su memorial de agravios. Porque ahora va a resultar una afrenta para Cataluña que La Rioja, Murcia, Extremadura o Galicia hayan visto mutiladas las partidas del gasto estatal destinadas a tal fin. Y es que todas las comunidades, no solo Cataluña, han sufrido idénticos recortes. Algo que, muy cuco, Artur Mas se cuida de esconder. Qué decir, en fin, de ese otro terrible atentado contra Cataluña, la revocación por los tribunales del euro por receta. Algo que para la Comunidad de Madrid, también afectada, supuso un mero contratiempo judicial, pero que la gran trola de Mas convierte en un desfalco contra las finanzas del país petit orquestado por turbios poderes fácticos mesetarios. Y suma y sigue. Cuento aquí, bola allá, hasta redondear las cuentas del Gran Capitán, o mejor del Gran Charlatán. Lo que, por cierto, da un saldo total de 9.375 millones de mentiras.

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