Trump contra casi todos

José Carlos Rodríguez

Las encuestas nos han engañado. Los medios de comunicación de masas nos han engañado. Los analistas, los autodenominados “expertos”, nos han engañado. Y el que nos ha dicho la verdad es Donald Trump, que estaba seguro de su victoria. Lo ha hecho prácticamente él solo. Contra casi todos los medios de comunicación. Con la censura en las redes sociales. Con un Partido Republicano entregado a su causa, pero sólo porque no le queda otra. Con mensajes que caben en 280 caracteres. Él merece el crédito más que nadie de los resultados electorales, que podrían hacer que cumpla un segundo mandato desde el próximo enero.

Es cierto que, a esta hora, el resultado final está lejos de ser evidente. Donald Trump necesita asegurarse los estados de Carolina del Norte y Georgia, que con el 95 y el 92% de los votos escrutados parece haber ganado, aunque por un estrecho margen. Y, finalmente, necesita asegurarse dos de estos tres: Wisconsin, Michigan y Pennsylvania.

En Wisconsin, a estas alturas del recuento (95%), el candidato demócrata Joe Biden tiene una ligerísima ventaja (menos de 20.000 votos). La secretaria de Estado de Michigan, Jocelyn Benson, ya ha dicho que como pronto el recuento concluirá 24 horas después del cierre de las urnas. Si un candidato queda un punto por debajo en el recuento, puede pedir una revisión de los resultados. De modo que podemos revivir lo ocurrido en el año 2000 en Florida, pero en Wisconsin.

Donald Trump se puede permitir el lujo de perder Wisconsin, pero eso le obliga a ganar tanto en Michigan como en Pennsylvania. En estos tres estados no se permite el recuento de los votos por correo por adelantado, de modo que se contabilizan junto con los emitidos el mismo día de las elecciones.

En Michigan, con el 82% escrutado, Donald Trump tiene una ventaja importante: los 4,6 puntos que median entre su 51,5% y el 46,9% de Biden. Y en Pennsylvania, con el 74% recontado, la ventaja de Trump es mayor: 12,7 puntos (55,7 frente a 43,0). ¿Qué parte de los votos ya contabilizados fueron emitidos el martes, y cuántos enviados por correo? ¿Cómo se reparte el apoyo a uno u otro candidato en el primer caso y en el segundo? Eso está por ver, pero en los últimos recuentos no se observa un cambio de tendencia.

De estas cuentas depende el futuro del país en los cuatro próximos años, pero hay cosas que podemos decir independientemente de cuál sea el veredicto final. Una de esas cosas es que los Estados del Cinturón de Óxido (Rust Belt), Trump ha logrado ganarle terreno al Partido Demócrata, y que la sorpresa de 2016 es hoy una constatación. Entre estos estados se encuentran precisamente Wisconsin, Pennsylvania, Ohio, Michigan e incluso Missouri. Ahí, su mensaje proteccionista de los empleos industriales ha calado, y le gana terreno a los demócratas entre los trabajadores. Cada vez más, el Partido Demócrata es el de las élites y las minorías y el Republicano el de los blancos, los hombres y los trabajadores y subempleados abandonados por la Historia.

Pero incluso lo de las mujeres y las minorías ya no está tan claro. El romance del Partido Demócrata con el socialismo le aleja de una parte del voto hispano, y no sólo del cubano. Muchos hispanos son pequeños empresarios que necesitan orden en las calles para prosperar, y ven que sólo Donald Trump les asegura el imperio de la ley. Y una parte del voto negro también ve que sus intereses pasan por reforzar la labor policial, no por dinamitarla, como ocurre en las ciudades demócratas. Sea quien fuera el próximo presidente, estos cambios han llegado para quedarse a medio y largo plazo.

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