Dallas, Oslo, Madrid: ébola en tres dimensiones

Jorge Alcalde

En menos de 72 horas, en tres rincones diferentes del mundo se producían sendos acontecimientos paralelos relacionados con el ébola. La auxiliar de enfermería Teresa Romero ingresaba para ser aislada en el Hospital Carlos III de Madrid, el ciudadano liberiano Thomas E. Duncan moría en Dallas por culpa del virus y una cooperante noruega de Médicos Sin Fronteras era repatriada desde Sierra Leona a su país al detectársele la enfermedad. Las tres historias muestran una triple cara de parecidos y diferencias sustanciales.

Dallas y Madrid se parecen en muchas cosas. Aunque desde nuestro ombliguista consumo de noticias domésticas no acertamos a ver más allá de nuestros errores y chapuzas, en la ciudad texana también se generó una ruidosa polémica sobre los medios empleados en el caso Duncan. El hombre, que había estado en contacto con enfermos en Liberia, sorteó todas las medidas de seguridad, mintió sobre su estado de salud y deambuló por su barrio ya contagiado. La cadena de errores cometidos por los sanitarios de Texas ha sido la comidilla de los medios de comunicación estadounidenses. La portavoz del sindicato de enfermeras de Estados Unidos, Rose Ann DeMoro, cebó los titulares de la CNN con su declaración sonora: "Estados Unidos no tiene hospitales preparados para combatir el ébola". ¿Les suena?

Como resultado del caso Duncan, el Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta (CDC), la entidad de referencia internacional en estos temas, se ha planteado cambiar los protocolos de actuación para contener el virus. En concreto, quiere modificar los cuestionarios que los servicios de emergencia y los aeropuertos hacen a los pasajeros sospechosos.

Algunas de las críticas realizadas en EEUU son asombrosamente parecidas a las que podemos hacer sobre el tratamiento de la infección en la auxiliar de enfermería española. Los técnicos de transporte sanitario americanos se quejan de que la ambulancia que trasladó al hombre liberiano siguió funcionado 48 horas después del suceso. ¿Les suena? De hecho, un vagabundo que fue atendido en ella aún está sin localizar. El debate en Estados Unidos ahora se centra en si la responsabilidad de esta fuga en el sistema recae en las autoridades locales sanitarias (Dallas) o en la gestión de coordinación del CDC, que no ha "entrenado suficientemente a los sanitarios de las ambulancias y hospitales"... Sí, esto también les suena.

Mientras tanto, en Noruega, poco después de que su compatriota fuera repatriada, el director médico de la Agencia del Medicamento, Steinar Madsen, declaró que la última dosis disponible de Zmapp en el mundo iba a ser administrada en el Hospital Universitario de Oslo, donde la voluntaria había sido ingresada. Ese mismo medicamento no pudo ser aplicado para tratar al doctor misionero español García Viejo una semana antes porque estaba oficialmente agotado. Noruega sí tiene Zmapp. Claro que también tiene otras cosas de las que nuestro país carece. La primera, una jefa de Gobierno, Erna Solberg, que en agosto se recorrió junto a su ministro de Sanidad todas las instalaciones de nivel de bioseguridad P4 con las que cuenta su país para asegurarse de que estaban preparadas para acoger a un paciente de ébola. La segunda, una participación activa en las tareas de contención del mal sobre el terreno. De hecho, ha duplicado sus ayudas humanitarias a Sierra Leona y es el segundo país europeo que más dinero invierte en cooperación contra el ébola. Algo deberán recibir a cambio.

Llama también la atención otra no tan sutil disparidad. Minutos después de saberse que la cooperante noruega había sido infectada en Sierra Leona, el coordinador del contingente noruego de Médicos Sin Fronteras dijo que "no cabía duda alguna de la necesidad de emplear todos los recursos posibles en su repatriación". Ese mismo día, el Gobierno noruego apoyó la tarea de devolver a su compatriota sin una sola crítica en su contra. Tras el caso de Dallas, nadie ha puesto en duda que cualquier estadounidense infectado fuera de su país será llevado de vuelta a casa. Las repatriaciones son innegociables, han dicho desde el departamento de defensa... Nadie ha protestado por ello.

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