Sánchez, agravante de un delito

Javier Somalo

El problema de que intenten acostumbrarnos a un golpe de Estado es que, para combatirlo, haya que recurrir a todo aquello que a diario lo agrava aunque algunos quieran reducirlo a lo anecdótico.

En las crónicas remitidas desde Barcelona por Ketty Garat y Pablo Planas queda descrita la auténtica fotografía de la visita de Pedro Sánchez a Quim Torra.

Con honores de Jefe de Estado, cosa que hace tiempo agrada mucho al presidente del Gobierno que cita, cuando y como le conviene, a Manuel Azaña excluyendo algunos pensamientos del republicano, precisamente sobre Cataluña. Por los hechos y por los gestos queda claro que Pedro Sánchez pretende jugar una partida contra el Rey.

Bajo la solemne piedra en la que quedaban enmarcadas las dos banderas de lo que ambos vistieron como una cumbre podía verse también algún atrezo, como un libro titulado 800 anys de cultura catalana. 44 llibres. Bueno, mientras sean sólo de cultura… dirá algún asesor, pensando en el siglo XIII. Todo era contra España y su Historia fidedigna que no convence al separatismo.

Tanto boato y tanto palau debieron sobrecoger al presidente adjunto, vicepresidente verdadero o primer ministro de Matrix, Iván Redondo, y sucumbió ante la figura de Quim Torra humillando su cabeza en señal de respeto, pleitesía y lealtad, que son algunas de las muchas y variadas razones por las que se muestra la cerviz sin necesidad de entrar en alegorías taurinas. Sí, ante Torra, la representación oficial del golpe del 1-O. Ya no es que no se combata, ni siquiera es que se colabore, es que ahora parece que les fascina. Es como si Gutiérrez Mellado se hubiera cuadrado ante Tejero, olvidando, no ya la defensa de la legalidad, sino hasta la superioridad jerárquica. El Teniente Coronel intentó derribar hasta en dos ocasiones al General y, por supuesto, no pudo. Ni por la espalda hubo manera. Pues España –el presidente nos representa, queramos o no– se ha inclinado ante un personaje como Quim Torra en medio de un golpe de Estado.

Al frotarnos los ojos una y mil veces descubrimos al presidente más débil de un Gobierno de España acudiendo a la sede del golpe de Estado para verse con un político inepto e inhabilitado por el Tribunal Supremo y que se lleva a matar con la otra facción golpista que está en prisión calculando unas elecciones. No va Sánchez a Barcelona para prender al delincuente sino a entenderse con él y buscar la forma de deshacer lo que, según nuestro presidente, es un "empate" en el "conflicto". Pues, si lo hubiera, ya está deshecho con otro gol intencionado y exagerado en propia meta.

Coincidiendo con la oprobiosa visita, surgen nuevas amistades que ayudan a comprender mejor el golpe, ya que no podemos con él. Algunas, si bien indirectas, hieren demasiado.

"Estimado amigo Boye, a tu lado, dispón para lo que necesites. Con todo el corazón, lo que necesites. Abrazos".

Son las palabras mal compuestas del cliente a su abogado. De Quim Torra a Gonzalo Boye, al que ahora la Audiencia Nacional reclama con justicia la indemnización por el secuestro de Emiliano Revilla cuando ETA subcontrataba al MIR chileno para golpear a España. Boye, abogado también de Puigdemont o de Rodrigo Lanza o de Sito Miñanco, además de en el juicio del 11-M, suele descargar su colaboración con ETA diciendo que ya pagó con la condena a prisión. Pues no, le quedan "200 millones de pesetas" para su víctima y no parece tan insolvente, al menos en lo económico. "Con el corazón, lo que necesites". Quizá con un pellizco de los millones de Sánchez. Pero con el corazón de un golpista a un condenado por colaborar con terroristas en un secuestro. Así que ya sabemos también lo que opina Torra del terrorismo, perdón por la insistencia, "con el corazón". Pues ante este tipo nos ha llevado Sánchez y ante este tipo ha inclinado la cabeza Iván Redondo.

También está feliz Ada Colau, que se declara a Sánchez como "principal aliada". Por fin Barcelona volverá a ser "cocapital", estatus imposible en términos administrativos pero que habrá hecho sonreír a los narcos que campan a sus anchas por los pisos de la ciudad condal. Por lo visto, se refiere a compartir con Madrid, única capital de momento, la importancia cultural y científica.

"Quiero agradecerle al presidente que se recupere la normalidad. Desde ayer, mucha gente miramos con esperanza hacia el futuro tras una década perdida"

La traducción de tanto entusiasmo se escribe en talones de dinero público y en políticas sociales que permitirán, entre otros avances culturales y científicos, que la violación de una propiedad privada veinte veces más pequeña que la de Pablo Iglesias e Irene Montero se salde con un alquiler baratito y sin acritud hacia el violador, que es el verdadero sujeto de derecho. Recuperar "la normalidad", será la del Bronx. Todo esto sucedió también aprovechando la visita oficial del Presidente de España a la sede, hoy golpista, de la Generalidad.

El problema original, el delito primero sigue siendo un golpe de Estado enjuiciado a destiempo y con atenuantes por cobarde unanimidad. El agravamiento –el de esta semana– es que los golpistas reciban al presidente nacional y le pongan su bandera, la enseña ajena que con mucho gusto se instala si es por decoro entre naciones. La comitiva española, con apariencia internacional, le rinde pleitesía, dinero, inmunidad y admiración.

El golpe de Estado es ya parte del nuevo régimen. Pedro Sánchez es la circunstancia agravante en un delito contra todos los españoles.

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