En la colina del dragón comen fruta

Javier Somalo

En la Escola Turó del Drac, o sea, en la Colina del Dragón, tienen el firme compromiso de comer frutas y verduras frescas a diario. Cuentan para ello con el apoyo y la subvención de la Generalidad de Cataluña y, por supuesto, de la Unión Europea, siempre atenta a la salud de los más pequeños.

Las mandarinas del patio ¡serán gratis! Eso sí, si algún nene (o nena) sufriera intolerancia —alimentaria, claro— a alguno de estos sanísimos productos tendrá que "comunicárselo por escrito a la tutora, en caso contrario se entenderá que todos los alumnos y las alumnas están autorizados a comer la fruta correspondiente". Pues eso, A la nostra escola mengem fruita.

Pero la cosa no queda ahí. En la Colina del Dragón también tienen un programa de prevención de la violencia y el acoso de lo más innovador. Los chavales de quinto hacen de tutores de los peques de tercero. Y así es como tener al primo de Zumosol por contrato. Les dan hasta un diploma con el que posan orgullosos y sin pixelar.

En la Colina del Dragón comen fruta gratis y los de quinto curso se ocupan de los de tercero, pero además los profesores y los padres buscan la igualdad para todos. Sin distinción:

Des de l'Ampa les famílies exercim les nostres responsabilitats com a part de la comunitat educativa. Considerem que tenim la responsabilitat de vetllar i garantir un projecte educatiu de qualitat per a tot l'alumnat, amb uns objectius comuns i que fomentin la igualtat d'oportunitats de tots els infants.

La clave es sencilla: todo, para todos y siempre… pero en catalá y sólo en catalá. Porque en la Colina del Drágón se perseguirá cualquier intención de hablar (más bien, de ser) español, el idioma materno de tantos niños, además de cooficial y de obligado conocimiento. Pero los niños de quinto que velan por los de tercero tendrán que ser los judenrat de esa Varsovia para que la ley nacional, la Constitución, la democracia misma, no penetre los muros. "…Que fomenten la igualdad de oportunidades de todos los niños". Lo otro no son niños.

Por el chaval de cinco años que hoy es víctima de las hordas supremacistas vela el mismísimo Dragón de la Colina, o sea la Generalitat, ya sea directamente o a través de otros niños delegados y doblegados que hayan terminado la instrucción, como esos que evitan el acoso… ¿español? El sistema funciona así, desde el principio y desde abajo. Como en Cuba, una mitad denuncia a la otra y el niño crece en la revolución o no crece porque ya se sabe cuál es la alternativa.

El caso del niño español (como el resto) y la familia díscola ha llegado a lo más profundo de la estructura. Lo dicen en el AMPA —de momento sin hache aunque puede ser cosa del catalá— de la Colina del Dragón. Por no incordiar en exceso traduzco y lamento la puntuación:

Les informamos de que, a raíz de la reclamación de una familia del centro, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha dictado medidas cautelares, que son de obligado cumplimiento, a partir del 8 de diciembre el 25% de las horas lectivas de P5A de nuestra escuela tendrán que hacerse en castellano.

Esta resolución replantea el modelo de escuela catalana y la inmersión lingüística en el grupo de P5A. Un grupo de familias, en desacuerdo con estas medidas impuestas, ha constituido el grupo El Turó en catalán. Desde el Ampa del Turó del Drac, defendemos la escuela pública catalana y el modelo de inmersión lingüística y es por eso que damos todo nuestro apoyo al grupo El Turó en catalán, siempre en un marco de buena convivencia.

El "marco de buena convivencia" en una escola en la que se come fruta y donde los pequeños cuidan de los muy pequeños para que no sufran acoso no debería de ser muy preocupante si a uno le importa un bledo lo que pasa en ese rincón de España. Pero al acoso bien entendido le pasa como al terrorismo, que sirve, que funciona. Mantiene el orden, el silencio. Fomenta la delación sin acritud y permite construir una comunidad sólida y lista para el odio más visceral. Eso es lo que se vigila. Profesores, padres y niños. Y hemos abandonado al oprimido —también profesores, padres y niños— al que tantas veces prometimos no dejar atrás para que, al fin envalentonado, saliera a la calle a reclamar justicia. Pues cuando salen no hay nadie.

En el Muro de la Colina del Dragón lo dice bien claro un subtítulo añadido al nombre del lugar: A Canet volem classe en Catalá… Está escrito en un rojo sospechoso, como sangriento. Para Pablo Echenique será el kétchup habitual post-pedrada, porque también aquí hay pedradas. No son de ahora aunque ahora hablemos de ellas. Son de siempre. De hecho, tantas piedras (y balas y bombas) durante tantos años han formado esa colina donde duerme el maldito dragón que come niños españoles y escupe supremacismo de esvástica cuatribarrada.

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