MUFACE para todos

Javier Fernández-Lasquetty

Se acaba de firmar el nuevo concierto entre la Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (MUFACE) y dos aseguradoras médicas privadas para proporcionar el servicio público de Sanidad a los funcionarios durante los próximos dos años. Hurra por MUFACE, y hasta por el ministro Cristóbal Montoro, quien al firmarlo expresó que la colaboración público-privada en Sanidad es buena, cosa que no se le escuchó decir cuando hace cinco años la llamada "marea blanca" rugía que la sanidad no se vende.

El asunto es importante y extraordinariamente positivo, no solo para los funcionarios, sino para el conjunto de los españoles. Merece, por tanto, algunos comentarios y una reflexión.

De los 46 millones y medio de españoles, hay 1.477.000 que pueden elegir quién quieren que les preste el servicio de salud, si el sistema público o bien ADESLAS o ASISA, ambas empresas aseguradoras privadas. ¿Quiénes son ese millón y medio de españoles que puede decidir si quiere servicio público o servicio privado? Lo saben, ¿no? En efecto: los funcionarios públicos.

La larga tradición de este sistema, que funciona muy bien, nos ha hecho a todos olvidarnos de que en su esencia es sencillamente asombroso: si eres funcionario público puedes elegir, pero si no lo eres tienes que ir obligatoriamente a un hospital o centro de salud público, salvo que de tu propio bolsillo te pagues un seguro privado.

No quiero plantear la cuestión en términos de privilegios, ni de desigualdades de trato, porque el sistema MUFACE funciona muy bien y me alegra su existencia. Tan solo me parece que el asunto valdría hacerse una pregunta: si este sistema es bueno para los funcionarios, ¿por qué no se lo ofrecemos también al resto de españoles? MUFACE para todos, por tanto, lo que sería una excelente forma de que la Administración primero experimentara consigo misma y luego trasladara los éxitos al conjunto de los ciudadanos.

Las preferencias de los funcionarios parecen estar clarísimas: el 80% elige asistencia privada, frente a un 20% que opta por ser asistido en el sistema de centros sanitarios públicos, todo ello según las cifras facilitadas por MUFACE, aseguradoras y sindicatos. Conozco muy bien la excelente capacidad asistencial de la sanidad pública española, cuyos resultados son realmente buenos, pero eso no quita que sea muy interesante constatar que los únicos españoles a los que se les deja elegir, eligen sanidad privada. En la que en realidad encuentran a los mismos médicos, pero quizá un poco antes y organizados de manera un poco menos ineficiente.

El segundo dato relevante es que el sistema MUFACE es bastante más barato que el sistema público-público: unos 930€ por mutualista al año, frente a un coste de 1.412€ por habitante en el sistema público. Es una diferencia bien grande, que debería dar mucho qué pensar a los defensores de la gestión pública en sanidad.

Buena calidad y menor coste: no es extraño que algunos países hayan reformado su Sanidad pública para ponerla íntegramente en un sistema de competencia entre empresas privadas y profesionales liberales. El caso más notorio es el de Holanda, que desde hace una década tiene un sistema sanitario público que podríamos resumir como "MUFACE para todos". Holanda, que no es precisamente un país furiosamente liberal, sino más bien bastante socialdemócrata. Por cierto, la sanidad holandesa ha sido clasificada como la mejor de Europa los últimos tres años.

Por tanto, el modelo de sanidad pública encomendado a aseguradoras privadas es un modelo de éxito, probado dentro y fuera de España, que proporciona calidad y cuesta bastante menos. ¿Por qué entonces no extenderlo al resto de los españoles? La jubilación en los próximos años de centenares de miles de empleados públicos sanitarios ofrece una oportunidad única de articular un esquema de transición de uno a otro modelo. Gradual, respetando derechos adquiridos y lo que se quiera, pero tendríamos así una Sanidad decididamente en cambio hacia un modelo reformado que permitiría evitar lo que de otro modo será irremediable, que es la imposibilidad de financiarla, de seguir todo como está ahora.

Tenemos la izquierda más reaccionaria de Europa, refractaria a cualquier reforma. Tenemos a un PP que navega a la deriva, abandonado hace muchos años el timón de las convicciones. De ninguno de los dos se puede esperar que hagan nada por reformar la Sanidad. Pero, ¿y Ciudadanos? ¿no dice que es liberal? Pues aquí tiene una ocasión de demostrarlo.

Javier Fernández-Lasquetty, vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín.

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