La mujer en Israel, en "un buen lugar en el medio"

Jana Beris

Al cumplir el Estado de Israel el 70° aniversario de su independencia, el resumen más acertado de su situación actual debe incluir las numerosas luces por sus grandes logros en medio de la adversidad, y también las sombras por lo mucho aún pendiente de resolver. Y el tema de la situación de la mujer en Israel cuadra perfectamente en este esquema.

La legislación israelí al respecto es de las más avanzadas del mundo. Ya en la Declaración de Independencia de mayo de 1948 se recalca que el Estado de Israel "garantizará completa igualdad de derechos sociales y políticos entre todos sus habitantes, independientemente de su religión, raza o sexo". Y todo tipo de discriminación está prohibida por ley.

Sin embargo, al no haber matrimonio civil sino solamente religioso –lo cual afecta por cierto a ambos sexos, no sólo a la mujer– entran en juego limitaciones muy complejas de la ley religiosa. Por ejemplo, una mujer no puede divorciarse si el marido se niega y aunque las autoridades civiles del Estado le obliguen formalmente a conceder el divorcio, mientras el hombre no lo haga, la mujer está "atada" e imposibilitada de formalizar otra relación marital.

El conservadurismo religioso ha ido en aumento en determinadas áreas, en un intento de limitar la presencia pública de la mujer, pero paralelamente a ello se ha agudizado la firmeza en la protesta social contra dicho fenómeno.

Contrastes

Por un lado Israel fue el tercer país del mundo en el que una mujer fue primer ministro: Golda Meir, entre 1969 y 1974. Por otro, las mujeres en altos puestos en la política siguen siendo una clara minoría. Hoy en día son 3 las mujeres ministras de un total de 27 miembros del gobierno, aunque ya ha habido gabinetes con mayor presencia femenina. También son 3 las directoras generales de ministerios. De las 10 mujeres entre los 120 miembros del primer Parlamento (Kneset) electo en 1949, se llegó a 33 en la legislatura actual, electa en marzo del año pasado.

Pero ello no es producto de discriminación salvo en los partidos ultraortodoxos (haredies) que como principio, por consideraciones religiosas, no incluyen mujeres en sus listas. En gran medida, la menor cantidad de mujeres por ejemplo en el mundo de la política, se debe también a la dificultad de maniobrar entre la crianza de los hijos y ese tipo de actividad. En opinión de Emi Palmor, directora general del Ministerio de Justicia: "Las mujeres no suelen correr a puestos en los que no hay seguridad y estabilidad laboral".

Justamente el Ministerio de Justicia es un caso singular, en el que no sólo el 68% de los funcionarios son mujeres, sino que también lo son el 68% de los directivos. "Aquí hay una larga tradición de mujeres en la cúpula, sea en la Procuraduría General del Estado o en otras secciones", cuenta Palmor. "La primera directora general en el servicio público fue Nili Arad en el Ministerio de Justicia, hace ya más de 20 años". La ministra de Justicia es una mujer y no es la primea en el cargo. Asimismo, la Suprema Corte de Justicia está encabezada por la jueza Rajel Hayut, cuyas dos antecesoras en el cargo también fueron mujeres: Dorit Beinisch primero y luego Miriam Naor. Y años atrás, también la Contralor del Estado fue una mujer.

Ha habido un gran aumento en la cantidad de mujeres en cargos directivos en diferentes instituciones, en el sector empresarial y en el mundo del emprendimiento tecnológico. Son varias también las periodistas destacadas, inclusive en el área supuestamente varonil de la seguridad. Y los tres telediarios centrales son presentados por mujeres : Yonit Levy en el canal 12, Gueula Even en el 11 y Tamar Ish-Shalom en el 14.

Hay mujeres que resaltan también en otros ámbitos, como la gobernadora del Banco Central, ladra. Karnit Flug, y un creciente número de empresarias a alto nivel. Una de los 12 Premios Nobel de Israel es la profesora Ada Yonath, que recibió el de Química en el 2009. La primera medalla olímpica para Israel la ganó la judoka Yael Arad. ¿Y quién no conoce a la exitosa actriz Gal Gadot?

El ejército, campo para la igualdad

Pero cuando de luchas se trata, la mujer maravilla no es la del celuloide sino la de la realidad: indudablemente el campo de mayor igualdad en la práctica es el militar. En Israel, las mujeres deben cumplir por ley servicio militar obligatorio, aunque un año menos que los hombres. Dado que las jovencitas religiosas pueden quedar exentas del servicio con solo proclamar que no pueden enrolarse por cuestión de fe y modestia, el porcentaje de las mujeres en las Fuerzas de Defensa de Israel es de algo más del 30%. Pero por otra parte, son casi la mitad de los oficiales.

Hasta ahora únicamente una mujer ostentó el rango de general, pero el 92% de las posiciones están abiertas a mujeres, salvo las de combate en los principales comandos. Hay mujeres pilotos y copilotos, comandantes de barcos, combatientes en unidades fronterizas y en una diversidad de puestos de gran responsabilidad.

Por otra parte, ha sido justamente el ejército uno de los marcos de discusión sobre el tema de género, por la intervención de rabinos que se pronunciaron sobre el servicio militar de las mujeres, criticando el servicio conjunto de hombres y mujeres. Y en ciertas unidades en las que sirven soldados ultraortodoxos ha habido situaciones delicadas en las que se pretendió que mujeres no participen en ceremonias con canto, por cuestiones de "modestia".

"Estamos en un buen lugar en el medio", comentó tiempo atrás la diputada Aliza Lavie, del partido opositor Yesh Atid, que durante la anterior legislatura encabezó la comisión parlamentaria sobre la posición de la mujer. "Se ha logrado mucho y falta mucho más por lograr".

Una comparativa ventajosa

Sin olvidar los desafíos con los que Israel aún lidia en este campo –y no es por cierto la única democracia occidental que los tiene–, su sociedad puede ser tomada como ejemplo por varios países árabes de su entorno. En algunos de ellos, las limitaciones del fundamentalismo religioso islámico y ciertas costumbres locales, constituyen una compleja combinación que limita la libertad de la mujer.

Recientemente, de cara al 70° aniversario de Israel, fueron publicados en la prensa árabe varios artículos ilustrativos al respecto, de tono duramente autocrítico. En uno de ellos, Reda Abd Al-Salam, exgobernador de la provincia egipcia de Al-Sharqiya, actualmente profesor en la Universidad de Mansoura en Egipto, escribió:

¿Por qué Israel ha avanzado y los árabes y los musulmanes se han quedado atrás? (…) Los pueblos árabes y musulmanes viven bajo regímenes que durante décadas se han comprometido no en desarrollar a sus pueblos y establecerse en economía, sociedad, ciencia y democracia, sino en establecer su propio gobierno… Durante este tiempo, aquellos a quienes llamamos ‘los hijos de monos y cerdos’ se enfocaron en la educación, la salud, la economía y la tecnología. Se dedicaron a la construcción real.

Una construcción que también ha incluido, obviamente, el desarrollo de la mujer.

A continuación