¡Viva el 9-N!

Guillermo Dupuy

Después de haber escrito en 2012 y 2013 artículos con títulos tales como "Los efectos políticos del referéndum", "Rajoy garantiza el desafio secesionista" o "El carácter de Rajoy nos condena", no voy a salir ahora a elogiar la tardía comparecencia del presidente del gobierno en el que valoró el 9-N. Dicha comparecencia para mi no viene sino a confirmar que Mariano Rajoy, lejos de ser un impedimento, ha sido un factor decisivo para que se pudiera perpetrar esa ilegal votación secesionista.

Hay que reconocer, sin embargo, algo de cierto en las palabras que nuestro calamitoso presidente del Gobierno dirigió contra algunos de los que ahora le critican por no haber impedido el 9-N "sin atreverse a decir que querían que hiciera".

Tal es el caso, por ejemplo, del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien hasta fechas bien recientes daba incluso por seguro que esa consulta no se celebraría por un pacto entre Rajoy y Mas. También Rosa Díez manifestó estar "muy tranquila" con Rajoy tras la entrevista que ambos mantuvieron hace escasamente dos meses, en la que el presidente le desveló su estrategia para impedir el 9-N y de la que doña Rosa no tuvo la gentileza de informar.

Es posible, sin embargo, que el dardo de Rajoy fuese dirigido contra la no menos encomiable plataforma Libres e Iguales, que también ha considerado que el presidente del Gobierno no puede seguir con su mandato tras permitir la consulta del 9-N. Tengo tanta simpatía por esa plataforma como se la tengo a Ciudadanos o a UPyD, pero también tengo que reconocer que alguno de sus más conocidos integrantes, como Arcadi Espada, bien merecidamente podría ser el destinatario del dardo presidencial. Y es que, si hemos de creer al propio Espada, hasta el pasado 23 de octubre no le parecía mal "la conducta del presidente del Gobierno", que consistía, según él lo entendía, en "responder con el silencio a las arrogantes declaraciones del Gobierno de la Generalidad. Un modo de limitar el ruido. Y hasta una sutil forma de desprecio".

Teniendo presente lo que hasta esa fecha Rajoy ya había hecho y, sobre todo, dejado de hacer, no sé si Espada considera una "sutil forma de desprecio" que el presidente no se atreviera a supeditar cualquier extraordinaria ayuda financiera a la Administración regional en rebeldía a que sus gobernantes renunciasen públicamente al chantaje secesionista lanzado en 2012. No sé si Espada considera un modo de "limitar el ruido" la negativa de Rajoy a disuadir a los promotores del 9-N con el Código Penal en la mano. Tampoco sé si a Espada le hubiera parecido mal que en 2012 Rajoy se hubiera comprometido públicamente a intervenir la Administración regional catalana, en virtud del artículo 155 de nuestra burlada Constitución, tras haber sido públicamente chantajeado por el gobernante autonómico.

El caso es que esas eran las tres formas de impedir que un cargo público –máxima representación del Estado en Cataluña– consumase su amenaza de no hacer caso "a la Constitución ni a los tribunales". Que Espada espere, a menos de un mes del 9-N, para decirnos que "el Gobierno del Estado no está en condiciones de permitirlo" es un dislate. A esas fechas lo que el Gobierno del Estado ya no estaba era en condiciones de impedirlo. Y si Espada creía lo contrario, que se hubiera molestado en decir cómo.

Este martes, Espada, como tantos otros, ha querido consolarnos haciendo de la incompetencia del Gobierno virtud. Dice que "sobre una muestra estimada de 6.222.736 votantes el secesionismo obtiene 29,92 %". Pues nada, celebrémoslo, aunque sea en una consulta ilegal, cuyo único valor consultivo ha sido constatar, una vez más, que la ley no se cumple en Cataluña. Creamos que el problema se va a solucionar porque los partidarios del proceso soberanista van a dejar de ocupar el 69% del Parlamento catalán para pasar a ocupar sólo el 29,92% de sus escaños.

¿Qué quieren que les diga? Esto me recuerda horrores a los que daban por seguro que Mas metería en el congelador su consulta después del batacazo que se dio en las últimas elecciones autonómicas; batacazo que, en realidad, se tradujo en un avance de los partidarios de la autodeterminación.

Pero en fin. Que este desolador panorama no nos haga caer en el pesimismo noventayochista, tal y como aconseja mi admirada Cristina Losada. Así que, ¿dónde nos tomamos las copas?

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