La 'gran coalición' y la 'gran crisis' de España

Guillermo Dupuy

A la vista de los resultados electorales del 20-D, una gran coalición conformada por PP, PSOE y Ciudadanos debería ser, ciertamente, la solución a la gran crisis que atraviesa España, que no es otra que la que le afecta como nación y como Estado de Derecho, valga la redundancia. Lo cierto, sin embargo, es que la necesidad de fortalecer la unidad de España y el respeto al imperio de la ley –asunto decisivo que prácticamente monopolizó el espléndido discurso navideño del Rey y que justificaría la formación de esa gran alianza– prácticamente estuvo ausente del gran debate electoral que mantuvieron estos tres partidos nacionales con el gran partido nacionalista, que no es otro que el que lidera Pablo Iglesias.

Sin duda, hay que tener la poca vergüenza de un Íñigo Errejón o de un Pablo Iglesias para criticar al Rey por sus múltiples apelaciones a la unidad de España en contraste con sus comparativamente escasas referencias al paro, a la desigualdad o a la corrupción, si tenemos en cuenta que la única condición que ha impuesto Podemos al PSOE es algo tan ajeno a "los problemas reales de la gente" como la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Ahora bien, eso no borra lo poco que han hecho PP, PSOE y Ciudadanos por centrar la atención del electorado en este problema capital y por denunciar ese decisivo rasgo nacionalista y rupturista que tiene Podemos, y que no tienen otras formaciones de extrema izquierda en casi ningún otro país europeo.

El hecho de que Iglesias se empecine en la celebración de una nueva ilegalidad en Cataluña podría favorecer, en cualquier caso, la creación esa gran coalición y una forma de "hacer política de una manera nueva, verdaderamente nueva", tal y como propone Libres e Iguales. El problema está en que Rajoy, ni como forma de favorecer esa gran coalición ni como forma de asumir la responsabilidad de que su partido haya perdido un tercio de su electorado, no parece decidido a renunciar a ser presidente del Gobierno.

El problema también está en que el PSOE, tanto el de Pedro Sánchez como el de Susana Díaz, tampoco quiere renunciar a votar en contra del PP, sea quien sea su candidato. Y, así las cosas, de nada servirá la buena predisposición de Ciudadanos a respaldar a uno u a otro con tal de hacer frente al envite nacional-comunista.

Ojalá la cosa cambie, pero mucho me temo que la única "forma nueva de hacer política" van a ser unas nuevas elecciones generales, tres meses después de las del 20-D. Y de lo que pueden estar seguros es de que el atasco en la formación del nuevo Gobierno en Cataluña desaparecerá más pronto que tarde como nueva y fortalecida amenaza a la ya muy debilitada unidad de España.

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