Gobernabilidad y reforma electoral

Guillermo Dupuy

Nada más injusto que culpar al "pueblo español", y no a sus representantes, de que sigamos a estas alturas con un Gobierno en funciones. Y lo es, para empezar, porque no existe tal "pueblo español" en el sentido personal y holístico que le atribuyen estos despistados o trasnochados exponentes del colectivismo metodológico. Existen personas de nacionalidad española a las que se les ofrece una variedad de papeletas para que elijan una, en la que aparece una lista de nombres, ninguno de los cuales pueden tachar y donde tampoco pueden hacerles indicaciones para el caso de que el partido de su elección no alcance la mayoría suficiente para gobernar por sí solo.

No existe, por tanto, contradicción ni hay afrenta alguna a la lógica en el hecho de que la mayoría de los españoles desee acuerdos de gobierno y evitar unas nuevas elecciones con los resultados que se han producido en las dos últimas generales, que parecen abocarnos a unos terceros comicios. Son y serán los representantes del "pueblo español", y no los ciudadanos, los que tienen que lidiar con la responsabilidad de llegar a acuerdos en el caso de que ningún partido alcance la mayoría absoluta. No son las denostadas masas, sino nuestras mediocres élites, las responsables de que todavía nos encontremos en un callejón sin aparente salida. Son también ellas las responsables de que no existan listas abiertas y de que tengamos unas circunscripciones y un sistema electoral proporcional escasamente corregido por la célebre fórmula de Victor d'Hondt que nos abocan a un multipartidismo que, como bien denunciara en su día Popper en defensa de los sistemas mayoritarios, conducen a un desproporcionado poder de influencia en manos de las minorías.

¿Existe, por otra parte y como ejemplo, contradicción alguna en el hecho de que Rajoy, candidato a la presidencia del Gobierno más votado, sea el político peor valorado por los españoles en las encuestas? Ninguna. Lo que existe es el empecinamiento de unas élites políticas en cercenar la democracia interna de los partidos. Muy ilustrativa en este sentido es la célebre anécdota que contaba Alfonso Ossorio, a quien, estando un día conversando con Fernando Suárez, éste le dijo, al ver entrar a Fraga: "Perdona, Alfonso pero voy a saludar a mi electorado".

Así que, puestos a proponer reformas en pro de la gobernabilidad de España, más nos valdría reivindicar la democracia interna de los partidos, las listas abiertas y un cambio hacia un sistema electoral mayoritario, en oposición, por cierto, al que propone Ciudadanos en aras de una mayor e ingobernable proporcionalidad.

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