El PSC y los Presupuestos de Rajoy

Guillermo Dupuy

No sé si, como ha asegurado El Mundo este lunes, Rajoy convocará elecciones generales en primavera en el caso de no lograr apoyo suficiente para sacar adelante los Presupuestos. Así debería hacerlo, si de verdad Rajoy ya considera que "tan malo es no tener un Gobierno como tener uno al que no se le deje gobernar". Sin embargo, el reciente compromiso de este "Gobierno cuanto antes" con Bruselas de convocar elecciones en caso de no poder sacar adelante en el Congreso unos Presupuestos que incluyan los ajustes necesarios que garanticen el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit no es guía ninguna de lo que pueda pasar; entre otras cosas, porque el Gobierno de Rajoy siempre ha garantizado con todos sus Presupuestos Generales del Estado el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit, y, sin embargo, todos ellos los ha incumplido clamorosamente, aun después de renegociarlos con Bruselas. Eso, por no olvidar que el único acuerdo alcanzado recientemente por el todavía Gobierno en funciones del PP con el PSOE del "no, no y no" fue llevar a cabo un cambio legislativo para "suavizar" a las comunidades autónomas el deber de reducir el déficit.

El propio Rajoy no ha querido comentar este lunes en profundidad la noticia de El Mundo al asegurar: "No voy a entrar en planes B. Tengo un plan A, que es aprobar los Presupuestos".

En cualquier caso, sean unos Presupuestos destinados a cumplir, por fin, con la reducción del déficit, sean unos Presupuestos, como es costumbre en Rajoy, destinados a tomar el pelo a Bruselas y a los españoles, lo decisivo seguirá siendo la abstención del PSOE. Y esa abstención –ni que decir tiene– no dependerá de las muchas o pocas medidas de ajuste que entrañen los Presupuestos, sino que seguirá dependiendo del temor del PSOE a unos nuevos comicios.

Aquí es donde adquiere su importancia la que debía haber sido trascendental reunión entre el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, y el presidente del PSC, Miquel Iceta, reunión que ambos han despachado este lunes concediéndose dos meses más para llegar a un acuerdo; acuerdo, por cierto, que tiene toda la pinta de consistir en seguir como hasta ahora.

Con todo, la fricción que genera entre ambos partidos el concepto de nación para referirse a Cataluña, debiendo ser decisiva, no es tan urgente como el asunto de cuál va a ser la postura de ambos partidos, supuestamente hermanos, ante los Presupuestos Generales del Estado, o ante cualquier otra iniciativa legislativa del Gobierno que requiera la abstención de los socialistas.

A pesar de lo que diga Iceta, yo estoy seguro de que al PSOE le importa más bien poco que el PSC reivindique a Cataluña como "nación". Al fin y al cabo, fue Zapatero, secretario general del PSOE, quien dijo aquello que lo de la nación era un concepto "discutido y discutible". Como nación aparece Cataluña en el preámbulo de su soberanista estatuto de autonomía, y así lo refrendaron todos los diputados del PSOE, hasta Alfonso Guerra.

La cuestión es lo que van a hacer ahora los diputados del PSC en el Congreso ante unos PGE que requieren como condición sine qua non la abstención de los socialistas, aunque no sea de todos ellos. ¿Va a consentir el PSOE, gestionado por una gestora, que los diputados del PSC vuelvan a saltarse la disciplina de voto, como pasó con la investidura de Rajoy?

Ya veremos. Con esta clase política que tenemos, cualquier espectáculo es posible, incluido el de ver un prolongadísimo desgobierno al frente de España y del PSOE.

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