El 'procés' que dais por muerto goza de buena salud

Guillermo Dupuy

Envidio el optimismo de Cristina Losada cuando afirma que "el procés está en sus minutos basura". Su esperanzador pronóstico me recuerda al de muchos analistas que ya lo dieron por muerto en 2013, por no hablar de lo que decían los titulares de la prensa madrileña ("La ley doblega a Mas", "Mas se rinde", "No habrá 9-N") días antes de que los nacionalistas perpetraran la ilegal consulta secesionista de hace poco más de un año. Su envidiable esperanza también me recuerda a la de quienes, más recientemente, y tras ocultar el hecho de que los partidarios del mal llamado derecho a decidir habían arrollado en las últimas elecciones catalanas, tanto en votos como en número de escaños, confiaban en que no se iba a producir ninguna declaración de independencia sobre la base de que sólo Junts pel Sí y la CUP eran partidarios de dar un carácter plebiscitario a esas elecciones autonómicas.

A pesar de que dicha declaración de independencia ya se ha producido, lo que parece innegable es que cada vez que nuestros Altos Tribunales se pronuncian contra lo que está sucediendo en Cataluña, desde antes incluso de la Diada de 2012, surge la oportunidad de que los nacionalistas se suenen las narices con sus sentencias con la misma fuerza con la que en algunos resucita la esperanza de ver en la basura –ahora sí esa rebelión institucional en Cataluña.

No sé hasta dónde llegará esta rebelión institucional, que trata de alcanzar de iure una inconstitucional independencia que, en muchos y decisivos aspectos, los sediciosos ya gozan impunemente de facto. No se qué sucederá en los próximos minutos –léase meses; pero lo que está, en este momento, en la basura es la sentencia del Constitucional, a donde la han arrojado los nacionalistas, tal y como hicieron con las anteriores, con una ostentación que, para algunos juristas, ya constituye, en sí misma, un delito de desacato.

Ignoro si llegado el momento de tramitar las leyes del proceso constituyente, de la Seguridad Social y de la Hacienda Pública, a las que se refiere la declaración independentista de marras, los nacionalistas se echarán atrás o incluso si podrían seguir adelante. Pero, para empezar, no confundamos la agonía que está pasando Artur Mas para volver a ser presidente con la del proceso golpista, que puede seguir adelante con o sin él, sobre todo si sigue teniendo enfrente la estimulante y pusilánime condescendencia de gobernantes como Rajoy.

En cualquier caso, lo que no parece dirigirse a la basura ni gozar de mala salud –al menos financiera es la máquina propagandista de la TV3, las embajadas al servicio del procés, el Consejo Asesor para la Transición catalana, la red clientelar del secesionismo en forma de empresas, fundaciones y demás chiringuitos, la incipiente Agencia Tributaria propia y otras estructuras de Estado a las que, gracias al Fondo de Liquidez Autonómica en manos de Rajoy, no va a ser necesario cerrarles el grifo para atender los servicios públicos esenciales. Eso, por no hablar del uso adoctrinador y toriticero que los nacionalistas están haciendo de un servicio público esencial como la educación.

Que lo anterior no significa necesariamente que estemos viviendo o vayamos a vivir el año cero del Estado catalán independiente, en forma de República y con asiento en la ONU, es evidente. Pero tampoco da pie para negar los muchos años de crítica salud que viene padeciendo la nación española entendida como Estado de Derecho. Y esto ha sido, es y, mucho me temo, seguirá siendo una auténtica basura.

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