Cambios para que todo siga igual

Guillermo Dupuy

A la hora en que escribo este artículo aún no se han hecho públicos los nombres de los ministros del nuevo Gobierno de Rajoy. No me parece una cuestión baladí, desde luego, pero no creo que la mayor o menor remodelación en el Ejecutivo vaya a ser un factor tan determinante de cara a la mayor o menor gobernabilidad de la nación, que no creo que vaya a depender, tanto como se dice, de la capacidad de iniciativa y del talante negociador de los ministros, sino del temor del PSOE a la convocatoria de unas nuevas elecciones.

Por mucho que se repita que el nuevo Gobierno deberá afrontar "la necesidad de llegar a acuerdos sin renunciar a la defensa de los principios", seguirá estando presidido por quien, sin necesidad alguna de llegar a acuerdos, no tuvo ningún reparo en liderar la mayor deserción de los principios que abanderaba su partido de nuestra historia democrática. Y en esto los ministros de Rajoy –tanto los que se vayan como los que se queden– no han sido otra cosa que meras correas de transmisión.

La razón por la que la acción del pasado Gobierno de Rajoy sólo fuera respaldada por el PP no se debió nunca a que fuese reflejo de una intransigente y férrea defensa de los principios de dicho partido, ni tampoco a la nula capacidad de diálogo de sus ministros, sino a una mera lucha de poder en torno a las siglas. Ahora que Rajoy va a presidir el Gobierno más débil de nuestra democracia, muchos más relevantes que el nombre y el perfil de sus nuevos ministros van a ser los de los que ocupen la nueva dirección del PSOE.

Por mucho que Ciudadanos y el PNV reclamen ministros con "talante negociador", lo que va a ser decisivo es lo que pida el PSOE, partido sin cuyo concurso de nada servirá lo que le pueda parecer bien o mal a Rivera o a Urkullu.

El problema para el PSOE es que el PP de Rajoy ya ha ocupado el ámbito de la socialdemocracia, y que más a la izquierda se encuentra Podemos, por lo que es de esperar que los socialistas tarden en obligar a Rajoy a la convocatoria de unas nuevas elecciones. Esa debilidad del PSOE es la única fortaleza que tiene ahora el Gobierno de Rajoy, con absoluta independencia de cuáles puedan ser los cambios de ministros.

A muchos les consolará que el PP pueda gobernar gracias a esa debilidad del PSOE, pero a todos los que aspiramos a una alternativa liberal y a una firme defensa de la nación española entendida como Estado de Derecho, ningún cambio en el Consejo de Ministros presidido por Rajoy creo que pueda procurarnos consuelo alguno.

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