Adiós a la guardia pretoriana, bienvenidas las rotaciones

Guillermo Domínguez

Era palmario. No hace falta ser un lumbreras, ni tampoco un gran entendido de fútbol, para comprobar que Zinedine Zidane tenía su guardia pretoriana y de ahí no salía. Más allá de las lesiones, la carga del calendario o la competición (llámese, en este caso, Copa del Rey), en contadas ocasiones ha sorprendido el técnico galo con sus onces durante las dos etapas en las que ha dirigido al Real Madrid. Otra cosa son los cambios que, por cierto, demoraba, seguramente más de la cuenta, en realizar (de ahí que Federico Jiménez Losantos, acertadamente, se refiera a ellos como el ‘minuto setenta y Zidane’).

Nadie puede discutirle a Zizou su palmarés como entrenador, en 263 partidos, del club de fútbol más laureado de la historia (once títulos, entre los que se encuentran tres Champions y dos ligas), pero permitan a este humilde paria escribano —que, por supuesto, no le llega al marsellés ni a la suela de los zapatos en lo que a conocimientos balompédicos se refiere— poner en tela de juicio la gestión de la plantilla blanca a cargo del francés. Especialmente en su segunda etapa. Sota, caballo y rey… y, en la siguiente mano, sota, caballo y rey. Y así, siempre lo mismo.

Cierto es que el banquillo merengue tenía a todas luces más calidad en el primer periplo (James, Pepe, Morata…) que en el segundo (Jovic, Mariano, Asensio y dos jugadores en clara decadencia como Isco y Marcelo). Pero también es verdad que, de los once trofeos conquistados como técnico madridista, nueve los consiguió en la primera etapa (149 partidos) y dos en la segunda (114).

Se abre ahora una nueva etapa en el madridismo con la vuelta de Carlo Ancelotti, el hombre de la Décima —en Lisboa tuvo precisamente a Zidane como ayudante para acabar allanándole el banquillo del conjunto blanco—. De aquel equipo de 2014, nueve permanecen en la plantilla merengue —Nacho, Marcelo, Carvajal, Casemiro, Modric, Isco, Bale, Lucas Vázquez y Benzema—, aunque cada caso merecería un capítulo aparte. De esos nueve, tres son titulares casi indiscutibles, dos llevan varios veranos en la rampa de salida y uno, que ha vuelto, es el eterno lesionado del Real Madrid, con permiso de otro que también lleva una buena temporada más fuera de los terrenos de juego que dentro de ellos. A estas alturas de la película no hace falta ser Hércules Poirot para saber de quiénes hablo.

Al grano: el caso es que Carletto, a diferencia de su primera etapa, de momento sí está sabiendo hacer rotaciones en la plantilla y repartir minutos entre la mayoría de jugadores, dando protagonismo a jóvenes que los merecen —ahí están los casos notables de Vinicius, Rodrygo, Fede Valverde y un Eder Militao que, poco a poco, se va pareciendo cada vez más al jugador que deslumbró en la segunda mitad de la pasada campaña—, además de disponer de ese portento llamado David Alaba y el gran descubrimiento que es Eduardo Camavinga. Mención especial merecen Marco Asensio y Eden Hazard que, pese a haber dejado algún que otro brote verde —sobre todo el mallorquín—, ahora mismo no están ni se les espera. "El problema que tiene Hazard es que el entrenador elige ahora mismo a otros jugadores", dijo Ancelotti este martes en la previa del Real Madrid-Osasuna, en un clarísimo toque de atención al belga.

Cierto es que, salvo los tres tropiezos contados en la semana negra que discurrió entre finales de septiembre y principios de octubre —empate en casa frente al Villarreal e inesperadas derrotas contra el Sheriff Tiraspol y el Espanyol—, la fortuna le está sonriendo esta campaña al trece veces campeón de Europa, con un balance de ocho victorias, dos empates y dos derrotas en los 12 partidos que ha disputado hasta el momento —sin contar el de esta noche frente a los rojillos— entre la Liga y la Champions.

El tiempo dirá si Ancelotti mantiene esa política de rotaciones, obligado la mayoría de las veces por la carga del calendario y las lesiones, o, por el contrario, se acaba zidanizando y termina apostando por un ‘sota-caballo-rey’ en toda regla. De momento no se puede hacer muchos reproches a su gestión de la plantilla —si acaso el hecho de no apostar por jugadores del filial como Antonio Blanco o Miguel Gutiérrez, pero éste lo va a tener cada vez más complicado, especialmente viendo el nivel al que ha regresado Mendy—, aunque otra cosa son los títulos. Veremos a final de temporada…

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