Un atentado pendiente de investigar y olvidado

Gabriel Moris

He de confesar que el tiempo que dedico a escribir me gustaría que versara sobre temas muy distintos al que me ocupa habitualmente. Desgraciadamente, no me puedo permitir ese lujo.

Antes de que los terroristas y sus cómplices nos llevaran a ser víctimas del terrorismo, nuestras ocupaciones eran sobre temas lúdicos o sobre asuntos que redundaran en bien de la sociedad, de la que nos sentimos parte. Nuestro escenario vital ha quedado más limitado, máxime cuando ni el Estado ni las víctimas en general parecen tener intención ni urgencia en aclarar y hacer justicia con el mayor atentado terrorista de Europa en el siglo XXI.

En los tiempos que corren, las noticias que no proceden de la clase política o de la iniciativa de los medios de comunicación que la parasitan o que viven en simbiosis con ella no existen. ¿Alguien habla hoy de los Atentados de los Trenes de Cercanías? Rara vez. Ni las asociaciones, ni las propias víctimas, entre las que me incluyo, tenemos una " hoja de ruta" para no olvidar lo inolvidable.

Si comparamos los temas que se abordan, por su importancia, por su gravedad o por la repercusión de los mismos en nuestra vida individual o colectiva, creo que el 11-M debe ocupar uno de los lugares más relevantes de este siglo. En cambio, casi todos los medios se ocupan de temas pretéritos o presentes que ni por su relevancia o por su interés general, deberían ser portada en ningún medio libre y medianamente serio. Obviamente, no hay regla sin excepción.

Recientemente, se habla mucho de temas relacionados con el terrorismo: acercamiento de presos, salida de terroristas sin cumplir condenas de miles de años, cientos de atentados etarras pendientes de investigación. En el primer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils aparecen informaciones varias que, lejos de tranquilizar a la opinión pública, crean sospechas fundadas sobre la mala utilización del caso, incluidas las víctimas. El 11-M parece engullido por la "desmemoria histórica". No creo necesario recordar algunas cosas sobre este atentado que cambió la faz de España: aprovechamiento político del mismo creando el denominado "cordón sanitario", que nadie ha explicado qué es, ni qué finalidad tiene, ni a qué partido o partidos se aplica y por cuánto tiempo. Los partidos de nuevo cuño no sabemos cómo se sitúan ni qué piensan del 11-M. Ninguno muestra el más mínimo interés por aclararlo. Creo que podemos pensar, sin miedo a equivocarnos, que este atentado dejó de ser un caladero de votos nada más pasar el domingo 14-03-2004.En cambio, deja patente la irresponsabilidad total de nuestra clase política ante el mayor atentado terrorista de Europa. Ningún país de la Unión Europea, ni EEUU por supuesto, han sido tan negligentes en la investigación y en el tratamiento de un atentado de esta magnitud. Resulta, al menos, sospechoso que un atentado de tal magnitud haya generado un consenso total en las tres Instituciones del Estado y en la clase política con representación parlamentaria. No es menos cierta la afirmación de que poco o nada sabemos sobre la verdad real de lo ocurrido. Permítanme rectificar: sabemos que las explosiones afectaron a cuatro trenes, que perdimos a 192 personas e hirieron oficialmente a 1.850 ( 2.042 víctimas directas), que desguazaron los trenes contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que no conocemos a los autores intelectuales, que sólo cumplen condena un autor material y dos colaboradores necesarios, que a las víctimas nos dividieron y así seguimos, que todos los recursos sobre el tema fueron archivados y una juez fue apartada de la judicatura. En una ocasión, la presidenta del Foro de Ermua preguntó al presidente del Tribunal del 11-M: ¿ Cuando vamos a saber quiénes fueron los autores intelectuales del 11-M? La respuesta fue algo así como que "España no estaba aún preparada para conocer toda la verdad".

A cinco años de la prescripción de los delitos, creo que ha llegado el momento de investigar a fondo el atentado y no olvidarlo ni un solo día. La vida de España, como nación, depende en parte de ello.

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