Catorce años después de aquel trágico 11 de marzo

Gabriel Moris

Para la inmensa mayoría de los españoles adultos, y para muchos europeos, la fecha que encabeza este artículo remite a un día imborrable en nuestra memoria colectiva. No en vano, la UE lo declaró el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. Paradójicamente, nuestro Congreso de los Diputados fijó otra fecha –menos relevante– para recordar a las víctimas de nuestras autonomías y nacionalidades. ¿No somos europeos los españoles?

Los menores de 25 años ignoran o no recuerdan lo ocurrido el 11-M. Algunos de los que perdieron la vida como consecuencia de la Guerra Civil, mejor dicho, sus descendientes, han sido objeto de una Ley de Memoria Histórica. No encuentro ningún calificativo para describir esta injusticia y el agravio comparativo que comporta.

Lo importante, al margen de estas consideraciones, es dejar constancia pública de que algunos no podemos olvidar lo inolvidable. Las víctimas, por razones obvias, y el pueblo, porque él era el destinatario directo de aquel horrible crimen, que hasta hoy sigue siendo el peor de los ataques terroristas perpetrados en Europa. Fue tan importante que, el año pasado, trece años después, como los seísmos, tuvo una especie de réplica en Barcelona y Cambrils, es decir, otro atentado contra el pueblo.

Fueran lo que fueren los atentados contra los trenes de Cercanías, hago mía la frase de Sócrates: "Sólo sé que no sé nada". No es la duda metódica cartesiana lo que nos acompaña desde aquel malhadado 11 de marzo de 2004, sino la total oscuridad de lo ocurrido y de todo lo sobrevenido para las víctimas y para el pueblo español. Sí, ambos fuimos los destinatarios del crimen y a ambos nos siguen negando la verdad y la justicia, sin las cuales pasamos a convertirnos en un Estado de Derecho deudor. Y esto, tan sencillo de entender para un ciudadano de a pie, no preocupa ni ocupa a ninguna de las instituciones del Estado, y por ende a ninguno de los servidores que periódicamente elegimos con votaciones democráticas. No quisiera pensar que llevamos otros cuarenta años perdidos.

Sería esta una buena ocasión para reparar en todo lo que comporta el término oscuridad. Creo que ello sobrepasaría el recuerdo que pretende este artículo. Sólo voy a traer a colación una anécdota, el cruce de frases entre la profesora Castilla de Cortázar y el juez Gómez Bermúdez. A la pregunta de la primera: "¿ Cuándo vamos a saber quiénes fueron los autores intelectuales del 11-M?", el juez respondió con una evasiva similar del tipo: no es el momento para abordar este asunto. Ante la insistencia de ella, él replicó: "Este es un asunto tan complejo que la sociedad no está preparada para conocerlo". Mi pregunta es, ¿cuándo estiman nuestras autoridades judiciales, políticas y legislativas que habrá llegado el momento de conocer toda la verdad del 11-M? Sólo faltan seis años para que se cumplan los veinte de los atentados. Espero que este delito no prescriba, pues se trata de un crimen de lesa humanidad.

Podemos hacer el ejercicio de repasar algunas derivas de España durante las cuatro legislaturas que han seguido a los atentados:

– Alianza de civilizaciones y "cordón sanitario". Caso Faisán sin aclarar.

– Segunda generación de estatutos de autonomía. Para vaciar de competencias al Estado y desplazar a la lengua común por las regionales.

– Creación de estructuras de Estado y declaración unilateral de la República Catalana. Todo sufragado por las autonomías más eficientes y más fieles al conjunto de España.

– Permiso parlamentario para negociar con ETA y legalización de partidos proterroristas. Homenajes a terroristas y excarcelación de otros.

– Problemas importantes como la economía, el paro, el Estado del Bienestar, la educación etc., han pasado a un segundo plano ante la potenciación de las identidades regionales y cuestiones de menor importancia.

¿No podrían ser fruto del 11-M y su oscurantismo algunos de estos problemas?

Catorce años creo que es un periodo de tiempo suficiente para demostrar a las víctimas y al pueblo –víctima indirecta del atentado– que los poderes del Estado –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– incumplen sus deberes, y sus titulares han olvidado sus promesas y sus juramentos. ¿Qué podemos hacer las víctimas –directas o indirectas– del macrocrimen?

Desde mi ignorancia en este tipo de materias, me atrevo a sugerir tres vías:

– Poner el asunto en manos del Defensor del Pueblo. Vía de dudosa eficacia. Podría ser una acción testimonial.

– Recurrir al Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea. Este organismo ha resuelto asuntos con fallos favorables para los terroristas, nadie dudará de su equidad para con las víctimas y el pueblo español.

– Recurrir a la Corte Penal Internacional de La Haya, ya que el 11-M puede ser considerado un crimen de lesa humanidad.

La esperanza es lo último que debemos y podemos perder.

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