La sátira

Seguidillas de la Logse

Fray Josepho
Un alumno dormita;
otro se rasca;
otro –dedo en las napias–
se desatasca.
Otro está ciego
(de canutos, se entiende):
clase de Griego.
 
Una alumna nos muestra
su canalillo;
otra exhibe el ombligo
con un zarcillo.
Pintas sabáticas...
Pero estamos en clase
de Matemáticas.
 
Una alumna gallea,
borde y chulesca,
mientras otros, sañudos,
montan la gresca.
Y, ciclotímica,
la profesora calla...:
clase de Química.
 
La didáctica lúdica:
brisca, rentoy,
tres en raya, strip-poker,
damas, game boy...
El profe, en coma.
Suele pasar a veces:
clase de Idioma.
 
Cuando escribe sus frases
en la pizarra,
nadie lee ni atiende:
reina la farra.
Qué pronto mengua
la dignidad del pobre
profe de Lengua...
 
Dos alumnos que trotan
echan el bofe;
los demás sólo corren
si mira el profe.
Idiosincrasia
de los adolescentes
cuando hay Gimnasia.
 
Antes de entrar en clase,
de forma aviesa,
han echado gargajos
sobre la mesa.
Cuánto cabrón
debe aguantar el profe
de Religión.
 
A la clase siguiente
hay más gargajos
y, por los suelos, sobras
de comistrajos.
Blasfematoria
es la queja iracunda
del que da Historia.
 
Los alumnos en clase,
protervos, gritan.
Vocingleros y bárbaros,
se desgañitan.
Y, en el motín,
silencioso, solloza
el de Latín.
 
Mientras el profe explica
los gonococos,
los alumnos, más prácticos,
se sacan mocos.
Irreverencias
que suceden en plena
clase de Ciencias.
 
Los alumnos contemplan,
sin gran bochorno,
las imágenes lúbricas
de una web porno.
Psicosomática
va a resultar la úlcera
del de Informática.
 
Un alumno a otro alumno
le da un mamporro
y le quita el bocata
por todo el morro.
El choriceo
no sucede en la clase:
¡llegó el recreo!
A continuación