La sátira

Romancillo de Arenas y el Estatuto

Fray Josepho

Javierito Arenas, / político astuto, / eminente líder / de nuestro terruño, / dime, Javierito, / sin más disimulo, / ¿para qué demonios / sirve el Estatuto?

¿Acaso las gentes / de Ronda, Bormujos, / Andújar, Carmona, / Aracena, El Burgo, / Lanjarón, Mengíbar, / Zahara, Bollullos, / Antequera, Níjar, / Baza, Vélez Rubio, / Cuevas de Almanzora, / Olvera o Jabugo / han solicitado / semejante absurdo?

Javierito Arenas, / político cuco, / que sobreviviendo / llevas tantos lustros, / posado en poltronas / o esperando turno, / dime, Javierito, / sin más disimulo: / ¿para qué demonios / sirve el Estatuto?

Lo quería Chaves, / para los chanchullos / y las mojigangas / que montan los suyos, / catalaneando / del modo más turbio. / Lo querían Chaves, / Zapatero y punto. / Porque, a ver, Arenas, / di, sin subterfugios: / ¿a los andaluces / que pagan tributos, / para qué les vale / el nuevo Estatuto?

Choca que vosotros, / los más derechunos, / los tristes peperos / que esperáis, tozudos, / a que cambie el Régimen / cuasi lacayuno / donde reina Chaves, / que, dueño absoluto, / reparte prebendas, / enchufa a los suyos / y manda en la Junta / desde ya hace mucho / (casi desde siempre / sería más justo), / por buscar un pacto / perdáis hasta el culo.

Que a la gente, Arenas, / le importa un zurullo / el texto infumable / pedante, confuso, / embustero, zafio, / cursi y campanudo / que habéis perpetrado / por remedo estúpido, / para no ser menos / que los catalufos. / Que la gente, Arenas, / no quiere este churro / ni piensa leérselo / (y le alabo el gusto).

Javierito Arenas, / político ducho / en tejemanejes, / cálculos y trucos, / no nos chalanees / pregonando un burro, / matalón, giboso, / viejanco y feúcho / cual si se tratase / de un corcel ebúrneo. / ¿A qué diablos viene / que hagáis este engrudo / de mala sintaxis / y peor asunto? / Javierito Arenas, / no nos vendas humo; / dí: ¿para qué córcholis / sirve el Estatuto?

Javierito Arenas, / qué guapo, qué pulcro, / que pelo canoso, / qué terno impoluto, / qué camisa fina, / qué cuello, qué puños, / qué repetitivos / suenan tus dircursos; / qué buenas palabras / y qué hechos más nulos. / Javierito Arenas, / no me seas tuno / y no andes calcando / tópicos espurios; / deja ese tonillo / tan pingorotudo / y no nos marees /

con tus subterfugios. / Respóndeme, Arenas, / sin más disimulo: / ¿para qué demonios / sirve el Estatuto?
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