La sátira

Romance del prisionero

Fray Josepho

Por el mes que era diciembre,
tiempo de calefacción,
cuando los papás noeles
escalan por el balcón,
cuando por las calles brillan
lucecitas de neón,
cuando dan en las escuelas
a los niños vacación,
cuando las amas de casa
van a comprar el turrón,
cuando adorman los abetos
con bolas y espumillón,
cuando de la lotería
se oye la numeración,
cuando en Belén de Judea
va a nacer el Niño Dios;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
condenado a varios años
por ensalzar el terror,
y a pesar de Zapatero
me estoy comiendo el marrón;
y aunque la cárcel es cómoda
y tengo televisor
y pongo tweets en euskera
para toda la afición,
y tengo un abono gratis
para Gol Televisión...
soy objeto de torturas
por el Estado Español.
Se lo contaré y me dicen
si me falta o no razón.
Pues es el caso que el jueves
un funcionario me habló:
"Otegui, tiene visita:
acuda al Módulo Dos".
El aviso, inesperado,
me hizo bastante ilusión,
y allá que fui, tan contento,
pensando: "¿Será un pibón,
que siente por el gudari
irresistible atracción
y viene de Euskal Herría
porque me profesa amor
y quiere que en ‘vis-à-vis’
hagamos fornicación?"
Con estas expectativas,
y ya en el Módulo Dos,
al llegar al locutorio,
no está el soñado pibón,
porque la que está esperándome,
con arrobada expresión,
era María Antonia Iglesias...
¡Y solté un grito de horror,
y volví para mi celda
igual que una exhalación,
y pedí que la cerraran
con el doble pasador,
y tardé en recuperar
mi pulso y respiración!
Porque ya es insoportable
sufrir tanta humillación,
así que mis abogados
están sobre la cuestión,
y al Tribunal de Estrasburgo,
por notoria violación
de los derechos humanos
pondrán la reclamación,
pues el trato es degradante
y la tortura es atroz.
¡Que aunque sea terrorista,
delincuente y malhechor,
creo que también merezco
cierta consideración!

(El pasado jueves, Arnaldo Otegui recibió en la prisión de Logroño la visita de Mª Antonia Iglesias)

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