La sátira

Romance de la crisis

Fray Josepho

Este verano ha llegado,
para quedarse, la crisis.
Llegó como de visita,
como esa prima repipi
un poco venida a menos
(si me permiten el símil).
Después de que Zapatero
no la nombró en ningún mitin,
haciendo el birlibirloque
con eufemismos y elipsis,
se nos ha instalado en casa
y, sin ningún tiquismiquis,
nos asalta la nevera,
papea leche con Krispies,
se corta jamón ibérico,
trasiega sin tasa güisqui
y se chupa la gasofa
del Renault o el Mitsubishi,
antes de quedarse roque,
atiborrada, piripi,
satisfecha y sudorosa,
en la butaca del living,
con ese trasero enorme,
que no se lo salta un quinqui,
con muslos como tinajas
cubiertas de celulitis,
y con rebabas de sebo
de espesor inverosímil
que le asoman rozagantes
por encima del biquini.
Doméstica y campechana,
se está poniendo la crisis
tan gorda, que de mirarla
te entra la conjuntivitis.
Y Zapatero tan sólo
admite por lo bajini
que sí, que puede que haya
una "situación difícil",
que es cosa internacional
que le pasa a todo quisqui,
y que en Europa peor
lo están pasando los guiris,
pero que es facha el que diga 
que esto es el apocalipsis.
Porque las medidas duras
al presi le dan colitis
desde que con Pedro Solbes
se le terminó el buen feeling.
Y el tal Miguel Sebastián,
encima, para más inri,
va regalando bombillas
y haciendo propuestas frikis.
Total, que, repantingada
en nuestro sofá del living,
sin intención de marcharse,
sigue engordando la crisis.
Y mientras que el presi piensa
si hacerle o no hacerle un lifting,
a nosotros se nos queda
la cara de gilipichis.

A continuación