La sátira

Ovillejo de los abajofirmantes

Fray Josepho
Recientemente se ha publicado un manifiesto en apoyo al Estatuto catalán, entre cuyos firmantes figuran Rigoberta Menchú, Adolfo Pérez Esquivel y José Saramago. Desde luego, son tres de los más cotizados signatarios de manifiestos que hay en el mercado. Y es que cuando un partido de izquierda toca poder no tardan en acudir los santones de la progresía profesional a apoyar lo que haga falta. En este caso, para más inri, no es uno, sino tres los partidos gobernantes. El Tripartito sabrá mostrarse triplemente generoso con la grey antiimperialista, antiglobalizadora y antiyanqui. Siempre habrá conferencias, congresos, foros, encuentros… o, si no, pasta gansa directamente. Se cuenta que hay personajes que cuando firman no preguntan qué, sino cuánto. Bien mirado, no es tan diferente un manifiesto de un cheque. Si acaso, los cheques tienen la ventaja de la brevedad. Si yo fuera santón progre y me pidieran la firma para el Estatuto, lo que más me fastidiaría no es la rúbrica en sí, sino el hecho de tener que leerme el insoportable tocho. Pero… ¿quién dijo leer?
 
–¿Quién no ojeó siquiera la cubierta?
–Rigoberta.
 
–¿Quién raudo lo dejó en el anaquel?
–Esquivel.
 
–¿Y quién no lo empezó, ni hizo el amago?
–Saramago.
 
De entrada, he de decir que no los trago;
pero ni borrachuzos de vermut
ni tampoco siquiera previo pago,
se han leído el letárgico Estatut
Rigoberta, Esquivel y Saramago.
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