La sátira

Los decasílabos hallados en un burdel

Fray Josepho

Esta semana hablaré de un verso que a mí me gusta, pese a que no lo uso demasiado: el verso decasílabo. Tampoco es que sea de los más cultivados en la poesía española: hay muy pocos ejemplos medievales y no demasiados en los siglos de Oro. Pero en el XIX, durante el Romanticismo, y más tarde en el Modernismo, sí abundan las apariciones de decasílabos, aunque nunca con la profusión de otros metros.

Y es que el decasílabo también tiene su miga. Para empezar, los hay simples y compuestos. Y no se pueden mezclar unos con otros, sin grave deterioro del ritmo. Los decasílabos compuestos (ya expliqué en qué consisten los versos compuestos o bimembres) constan de dos hemistiquios pentasílabos, con su cesura en medio. Y pueden ser dactílicos (con acentos en 1ª y 4ª de cada hemistiquio) o trocaicos (con acentos en 2ª y 4ª). Gustavo Adolfo Bécquer usó en alguna de sus rimas este metro. Pero el poeta sevillano se inspiró o -vamos a decirlo claramente- plagió los poemas de un contemporáneo suyo, hoy olvidado: Benigno José Fraile. Fraile era un bohemio, un tipo borrachín y pendenciero, popular entre la canalla del Madrid de mediados del XIX, que jamás publicó nada, pero que a veces garabateaba versos en las tabernas de mala nota. Es muy probable que Bécquer coincidiera con Benigno José Fraile en alguno de estos antros y quedara impresionado por el brío literario de sus composiciones. Pero los versos de Fraile quedaron solo en mugrientas cuartillas volanderas, y el autor fue olvidado poco después de su temprana muerte, embotado por el delírium trémens y aniquilado por la cirrosis. Hoy no sabríamos nada del extraño personaje, si no fuera por un golpe de suerte, una afortunada casualidad que me ha dado acceso a parte de su obra. Resulta que una meretriz que andaba enamoriscada de Fraile guardó varias de sus composiciones en una caja metálica, que ocultó bajo una baldosa de su burdel, situado en una céntrica calle madrileña. Este antiguo burdel ha sido demolido recientemente, para construir unas dependencias municipales. Y uno de los operarios de la empresa de demolición resulta que es sobrino mío. Nunca podré agradecerle suficientemente que, conociendo mi pasión por la filología, me hiciera llegar la caja con los poemas. Estoy acabando la edición crítica, pero les voy a adelantar en primicia a los lectores de Libertad Digital dos de estas composiciones. La primera precisamente está escrita en versos decasílabos compuestos dactílicos. Juzquen ustedes si existe parecido con los de Bécquer:

Yo soy un trapa, // mando en mi feudo;
odio al Estado, // si es español.
Quiero que paguen // tanto que adeudo...
¿Piensas votarme? // —Va a ser que no.

Yo soy Alfredo: // no te me asustes;
fui del Gobierno // cuando los GAL,
suelto sin tasa // trolas y embustes...
¿Quieres votarme? // —No, no, qué va.

Yo soy Mariano; // ven a mi encuentro;
soy pusinime: // qué se va a hacer;
nunca me mojo; // vivo en el centro...
¿Vas a votarme? // —Pues... yo qué .

El vigor poético de Benigno José Fraile es sorprendente. Pero también su pulcritud métrica. Observen cómo cumple con la regla de que a final de verso o de hemistiquio se resta una sílaba si hay palabra esdrújula o se suma una, si es aguda. Y así: "Yo/so/yun/sá/tra/pa" (6-1=5) y "sies/es/pa/ñol" (4+1=5).

Pero nuestro vate bohemio también escribió versos decasílabos simples, es decir, sin cesura ni hemistiquios. Para terminar, les dejaré tres estrofas de Benigno José Fraile, escritas en decasílabos simples dactílicos (acentos en 3ª, 6ª y 9º), rematadas cada una de ellas por un hexasílabo. ¿Hay o no sospechosísima similitud con alguna de las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer?

Del planeta en el ángulo oscuro,
de su hacienda más bien arruinada,
insolvente y cubierta de deudas,
veíase España.

Cuánto morro gastaban sus deres,
cuánta jeta tean sus trapas,
cuánto lujo, dispendio y derroche
de feudos y taifas.

¡Ay! –pen–, cuántos años nos quedan
de sufrir esta ruina tan áspera,
aguantando una clase potica
sombría y nefasta!

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