La sátira

La religión del progre

Fray Josepho

La LOGSE ha dejado la enseñanza española hecha unos zorros, pero para la izquierda nuestro problema educativo se reduce a que no debe enseñarse religión en las aulas públicas. Religión católica, claro, que la musulmana no les ha hecho nada. Según los progres hispanos, hay que acabar con ese intolerable adoctrinamiento cuanto antes.


Pero la realidad es tozuda, y una aplastante mayoría de padres elige clases de religión para sus hijos. Muchos no lo hacen por catequizar a sus retoños –que de eso, si quieren, ya se pueden encargar en casa o en la parroquia– sino porque la alternativa que se han empeñado en ofrecer los gobiernos socialistas ha sido el recreo, las "actividades lúdicas", o la holgazanería más o menos vigilada. Me consta que numerosos padres agnósticos y aun ateos matriculan a sus hijos en clase de religión simplemente porque no quieren que pierdan el tiempo, y también porque saben que, con fe o sin ella, el conocimiento de la religión es imprescindible para entender el arte, la historia, la literatura y el mundo en general. Algunos defensores del laicismo argumentan que eso se puede hacer desde una perspectiva aconfesional, y ahí podemos estar de acuerdo, pero el hecho es que no se hace. A veces, tristemente, no se hace ni siquiera desde la perspectiva confesional.

Permítanme que les cuente una anécdota sucedida en un instituto público. Un profesor de Literatura, de esos que heroicamente se resisten a la burricie logsiana, habla sobre San Juan de la Cruz. Algunos alumnos atienden, otros dormitan... Una chica, en las primeras filas, se afana escribiendo en su libreta. El profesor nota algo raro.

– Señorita, no es necesario que copie todo lo que digo, porque lo fundamental lo tiene en su libro de texto.
– No, profe –reconoce la chica, azorada–, no estoy tomando apuntes; estoy haciendo un trabajo para Religión.
– Ande, déjelo y trate de atender a mis explicaciones –reconviene, benévolo, el docente–. Al fin y al cabo, estamos viendo a San Juan de la Cruz, un doctor de la Iglesia: puede que le sea útil para su trabajo.
– ¡No, profe, qué va! –lo desilusiona la muchacha– ¡Si el trabajo de Religión es sobre la Revolución Industrial!...

La joven era víctima de la modernidad docente de un cura progre, claro. Un cura parecido, seguramente, al que instruyó al portavoz monclovita que este sábado dijo que el facsímil de la encíclica "Codex vaticanus" regalado por el Papa a José Luis Rodríguez Zapatero era "una Biblia antigua muy grande" y que el rosario con que el Santo Padre obsequió a la Vicepresidenta y a Sonsoles Espinosa era "un collar de perlas con una cruz".

A este anónimo portavoz y a todos los que desprecian cuanto ignoran va dedicado mi soneto de hoy.

Es el altar un poyo o una mesa;
el santo cáliz, una copa rara
que se ha pimplado el cura por la cara,
y el incensario es "la cosa esa".

En aquella cabina se confiesa;
el báculo es un palo, o una vara;
es un sombrero absurdo la tiara,
y la mujer del Papa es la Papesa.

Es un collar de perlas el rosario;
el códice, una Biblia, ¡pero enorme!;
la misa, sólo un mitin sin sustancia.

En fin, que en la sesera del sectario
y detrás del agnóstico uniforme,
sólo se alberga, hueca, la ignorancia.

A continuación