La infame pompa nacional de los millonarios

Fray Josepho

Pablo Iglesias ha seguido por televisión los Juegos Olímpicos, como refleja su cuenta de Twitter. Ha felicitado a algunos atletas españoles por las medallas obtenidas. A otros, no. A Orlando Ortega, el vallista que huyó de Cuba, nada. A Ruth Beitia, la parlamentaria cántabra del PP que ganó el oro en salto de altura, tampoco.

A la selección masculina de baloncesto, sí. Pablo es aficionado al basket, como dejó claro en un artículo de hace unos años: "La selección de baloncesto y la lucha de clases". Ahí, después de llamar al himno nacional "cutre pachanga fachosa", dijo entre cosas cosas lo siguiente:

(…) si te gusta el baloncesto y quieres emocionarte con un equipo que conoces (yo hasta que el baloncesto boliviano no llegue a las olimpiadas paso de cambiar de equipo) te tienes que tragar la infame pompa nacional y pasar por alto que los chicos de oro son, en gran medida, un grupo de millonarios dispuestos a vender su imagen a cualquier banco, empresa multinacional o sindicato del crimen dispuesto a pagar por la publicidad (…)

O sea, que el tránsito del comunismo a la socialdemocracia nórdica también se ha reflejado en las querencias deportivas.

¿Quién soy, que de basket hablo?
Pablo.

¿Quién soy, que padezco amnesias?
Iglesias.

¿Y quién soy, hipocritón?
Turrión.

Si gana la infame pompa,
yo también soy campeón.
Puedo cambiar de opinión,
pues no hay cambio que corrompa
a Pablo Iglesias Turrión.

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