La sátira

Houla, quei tal amigou

Fray Josepho
(En la cumbre de la OTAN en Bruselas, Zp y Bush se dieron la mano y se saludaron durante cuatro segundos. El Presidente de EEUU dijo, en español: “Hola, ¿qué tal, amigo?”, y el líder hispano contestó: “Bien, ¿y tú?” Eso fue todo. Después, Zapatero declaró que había sido un encuentro cordial y que el intercambio de palabras era lo “razonable”)
 
Con Bush yo ya no litigo
después del “qué tal, amigo”.
 
Que el mismo George Bush me hable
y que me apriete la mano
con talante campechano
es un honor... razonable.
¿A quién molesta que entable
un diálogo conmigo
y diga “qué tal, amigo”?
 
Los dirigentes mundiales
—hoy aquí, mañana allí—
nos saludamos así,
simpáticos y joviales.
Pero hay tipos inmorales
que rabian cuando consigo
de Bush un “qué tal, amigo”.
 
Le contesté “bien, ¿y tú?”,
que es la respuesta de ley.
No añadí “biútiful dey”,
pues fue breve el interviú.
Después no dijo ni mu,
mas Tony Blair fue testigo,
y oyó aquel “qué tal, amigo”.
 
Mi mano apretó, simpático,
(tardaré mucho en lavarla)
y no me dio mucha charla
por el abismo idiomático.
Mi atractivo carismático
lo enamoró, ya les digo...
De ahí su “qué tal, amigo”.
 
Ya olvidó mi chiquillada
de sacar de Irak la tropa.
Ha venido a verme a Europa,
y aquí no ha pasado nada.
Es buen tipo, y no le agrada
recibir tanto castigo.
Por eso el “qué tal, amigo”.
 
Tenía cierto recelo
de que todo fuera mal,
pero su gesto cordial
rompió entre los dos el hielo.
Después de tanto desvelo
se ha abierto al fin el postigo
con ese “qué tal, amigo”.
 
Los novios, en ocasiones,
también tienen sus enojos,
pero al mirarse a los ojos
pasan las irritaciones.
A “quiero que me perdones
pues preciso estar contigo”
sonó su “qué tal, amigo”.
 
Verán cómo, poco a poco,
se va olvidando de Aznar
y ambos podremos gozar
de un amor ardiente y loco.
Yo sé que a George lo disloco
y a su cariño me obligo
después del “qué tal, amigo”.
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